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Ciudad grande o una gran ciudad

Vientos o lluvias de relativa intensidad ponen al desnudo la peligrosa ausencia de políticas de seguridad urbanística. ¿Hasta cuándo habrá que seguir pagando el tributo de vidas y bienes?

12 de abril de 2011 a las 12:01 a. m.
Ciudad grande o una gran ciudad

Cada breve e intenso meteoro en la ciudad de Córdoba –como el de días atrás– plantea, una vez más, el desafío al destino que implica la precariedad de la infraestructura de seguridad urbanística. Bastan viento y lluvias de relativa intensidad para que se agraven sus serias falencias, que empeoran de año en año. Las muertes por caídas de árboles o de grandes ramajes son sus efectos colaterales permanentes, como lo son las caídas de cables de las redes de distribución eléctrica y de telecomunicaciones. Desde hace décadas, no se realiza una poda racional del arbolado urbano. Las ramas se han convertido en obstáculos insalvables para los peatones, que deben descender a la calzada para evitarlos, con los riesgos que implica caminar en la calle y de espaldas a un tránsito salvaje. Basta que se sobrecargue el peso de extensos y densos follajes por la acumulación del agua de lluvia para que caigan sobre personas y vehículos, como también pueden desplomarse sobre ellos carteles (que, con buen o mal tiempo, conforman una de las mayores contaminaciones visuales del país), cables, postes, todo puesto de manera precaria, con ahorro de dinero y despilfarro de inseguridad. Es difícil que existan en el mundo grandes ciudades cuyos habitantes deban caminar cabizbajos todo el año para evitar chocar contra las ramas bajas. Que ello sea común en Córdoba, no es excepción, porque ésta no es todavía una gran ciudad sino una ciudad grande, que ha crecido al azar, sin previsión ni orden alguno.Padece elevados índices de contaminación ambiental y periódicamente se transforma en una gigantesca cloaca a cielo abierto; cruzar las calles es para los peatones una apuesta extrema y circular por ellas es para los conductores introducirse, queriéndolo o no, en una especie de danza macabra.No se controla nada, desde el estado de los ascensores y la vida útil de la carga de extinguidores de edificios y vehículos hasta la construcción de torres de 20 ó 30 de pisos sin escaleras de emergencia; desde la colocación de pesados carteles sin los resguardos para prevenir sus desprendimientos, hasta las temerarias conexiones de electricidad, que no son, desde luego, exclusividad de las villas de emergencia.Por eso, un viento o precipitaciones pluviales de mediana intensidad hacen crecer el inventario de pérdidas de vidas y bienes. Hay una desidia perfectamente explicable por la ausencia de una inteligente y activa política de Estado en materia de seguridad urbanística. Incluso, hasta los servicios de emergencia están en Córdoba en interminable emergencia. ¿Habrá que seguir pagando el habitual tributo en vidas y bienes y en calidad de convivencia para que se comience a combatir la ineptitud de unos y la irresponsabilidad y la desaforada especulación inmobiliaria de otros, para que Córdoba sea una ciudad urbanísticamente racional?