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Chile y su historia perdida

La decisión del actual gobierno chileno de reemplazar la palabra "dictadura" por la de "régimen" es ofensiva e irrelevante, ya que la de Pinochet fue una dictadura y a la vez un régimen cívico-militar.

10 de enero de 2012 a las 12:01 a. m.
Chile y su historia perdida

La decisión del actual gobierno de Chile de reemplazar en los textos escolares de primero a sexto grado la palabra "dictadura" por la de "régimen militar" –en referencia a los 17 años de gobierno de Augusto Pinochet– resulta ofensiva para todos los pueblos latinoamericanos, además de desafortunada e irrelevante. La ofensa consiste en que pareciera que este cambio de denominación implica una justificación del pinochetismo, de sus crímenes de lesa humanidad y de su carácter esencialmente antidemocrático y antirrepublicano. Y es irrelevante porque, en realidad, la distinción entre ambos términos es inocua, ya que, en este caso, quieren decir lo mismo, puesto que el de Pinochet fue al mismo tiempo un régimen y una dictadura. O si se quiere, fue un régimen dictatorial. Y si lo que se quiere decir es que el golpe militar de 1973 y el gobierno militar a que dio lugar tuvieron el apoyo de una parte considerable de la sociedad chilena, no le quita al pinochetismo ese carácter de régimen dictatorial, durante el cual los partidos políticos opositores estaban proscriptos y los derechos y libertades fundamentales conculcados. A lo que hay que agregar el uso y abuso del terrorismo de Estado como metodología de represión.Las dictaduras, cuando se prolongan en el tiempo, se convierten en regímenes. El pinochetismo, en efecto, no fue una simple dictadura militar sino también un régimen cívico-militar, ya que hubo sectores civiles que participaron activamente de su gestión de gobierno, y de su seno surgieron partidos como la Unión Democrática Independiente (UDI), que tiene hoy una importante representación parlamentaria nacional, sobre todo en la Cámara de Diputados.Incluso el partido del actual presidente Sebastián Piñera, Renovación Nacional, aunque es anterior al pinochetismo, fue uno de los sostenes del régimen dictatorial de Pinochet. Por estas y muchas otras razones resulta censurable la decisión del gobierno de Piñera, que debió haber dejado las cosas como estaban.En todo caso, de lo que se trata es de analizar las causas del golpe de Estado de 1973, fundamentalmente el desentendimiento entre los dos grandes sectores políticos de la época: la democracia cristiana y la Unidad Popular (socialistas, comunistas, radicales y otros).Chile tuvo entre 1964 y 1973 a dos grandes presidentes –el democristiano Eduardo Frei Montalva y el socialista Salvador Allende– que no supieron o no quisieron unirse en la defensa de la democracia y la Constitución frente a los embates de una derecha que finalmente perpetró el golpe de 1973. Ambos sectores se unieron después en esa gran coalición que fue la Concertación Democrática, que sucedió a partir de 1990 al régimen dictatorial de Pinochet. Pero Chile perdió por aquella trágica desunión nada menos que 17 años de historia.