Cerrado por negligencia
Los gobiernos de distintos ámbitos han abusado en 2013 de asuetos y recesos para disimular graves problemas de sus gestiones. Esto así tanto en la Nación como en la Provincia.
La agenda de urgencias planteada en el año que acaba de finalizar evitó reflexionar sobre una práctica que se ha generalizado en los gobiernos de los distintos ámbitos, pero en especial en las administraciones nacional y de la Provincia de Córdoba. Se trata del abuso de asuetos, que intentan disimular los problemas de gestión que acarrean ambos niveles de gobierno. Para mencionar sólo los ejemplos más recientes, el equipo que encabeza la presidenta Cristina Fernández de Kirchner decidió otorgar asueto administrativo desde el mediodía del lunes 23 de diciembre hasta el jueves 26 de diciembre inclusive. Esta práctica se repitió entre el lunes 30 de diciembre y el jueves 2 de enero último.¿Cuál fue la verdadera razón que estuvo detrás de tantos días de inactividad? La crisis energética, que desde el jefe de Gabinete de Ministros, Jorge Capitanich, hasta el titular de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, Julio de Vido, intentaron disimular. Pese a que esta última cartera ostenta un título que indica que debería encargarse de solucionar la falta de electricidad en sectores residenciales y actividades clave de la Argentina, su titular comenzó justificando el descuido y omisión con el rigor del clima, luego aludió al exceso de demanda por desarrollos inmobiliarios en ciertas áreas de la ciudad de Buenos Aires que procuró ligar a intereses del jefe de Gobierno, Mauricio Macri, y, finalmente, por la falta de inversiones de las distribuidoras eléctricas, a las que sancionó. Los argentinos no se merecen semejante burla por parte de un funcionario que hace 10 años debería haber solucionado esos problemas.No menos vergonzoso que los asuetos de la administración kirchnerista es el receso que el gobernador José Manuel de la Sota dispuso desde el lunes 23 de diciembre hasta el 31 de enero próximo. La razón oculta detrás de este prolongado período de inactividad fue el temor a que la protesta social y gremial terminara ocupando distintos edificios de la administración pública u hospitales, como era la propuesta que circulaba entre sindicatos opositores a los gremios que acordaron un bono de fin de año o por parte de profesionales que militan en asociaciones de la salud, los que reclaman un aumento que impacte en los básicos de convenio.No fue el calor ni la intención de aliviar los trámites que deberían necesariamente realizarse ante las oficinas públicas por el vencimiento de plazos o el cierre de programas lo que motivó los excesivos días de inactividad. Fueron razones fundadas en la falta de eficiencia en la gestión.Pero los problemas que se intentaron disimular detrás de los asuetos o recesos siguen vigentes y estarán ahí una vez que concluyan los días de inacción oficial. La sociedad seguirá esperando otro tipo de respuestas de sus gobernantes que no sea la simple apelación al cerrado por negligencia.

