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Buscar una solución real

Está bien que la Presidenta reconozca la gravedad de la violencia en el fútbol, pero el problema no se solucionará con el acto simbólico de sacar una tarjeta roja o de criticar a un periodista.

25 de julio de 2013 a las 12:01 a. m.
Buscar una solución real

La violencia en el fútbol volvió a imprimir su sello trágico, mientras se profundiza la polémica sobre las responsabilidades que competen al Estado y a la dirigencia de los clubes por la recurrencia de esos episodios.

Esta vez, el desmadre tuvo como protagonistas a dos facciones de la barra brava de Boca Juniors, que el domingo pasado se cruzaron a balazos en inmediaciones del estadio de San Lorenzo de Almagro, en el barrio porteño de Bajo Flores, con un saldo de dos muertos y cuatro heridos.

Lo que iba a ser un espectáculo deportivo más fue suspendido por la batahola que protagonizaron estos facinerosos. Tras la estampida, volvieron a la escena mediática los pases de facturas entre funcionarios y dirigentes del fútbol, sin que nadie acierte todavía a dar una solución a este tema de nunca acabar.

La propia presidenta Cristina Fernández se involucró en la cuestión con una frase acuñada en el referato. Pidió sacarles “tarjeta roja a ciertas dirigencias deportivas que siguen protegiendo a delincuentes y permiten que pase lo que pasó”, afirmó, luego de defender la actuación policial en el marco de esos graves disturbios.

El reclamo presidencial resulta oportuno si se toma en cuenta la consabida protección que brindan muchos dirigentes de los clubes a exponentes violentos de las hinchadas, que matan y mueren en una batalla sin remedio por controlar no sólo la cabecera de una tribuna.

Sin embargo, se sabe que muchos de estos personajes de temer están metidos también en la actividad política. Basta ver actos públicos en los que aparecen barras de clubes blandiendo banderas partidarias, seguramente aupados (y también pagados) por algún puntero político.

Una campaña responsable, dirigida a erradicar a las mafias del más popular de los deportes, tiene que ser compartida por las instituciones y el Estado, en su rol de principal garante de la seguridad pública, no sólo dentro de un estadio.

En este sentido, resultan destempladas las discusiones en las que se enreda el polémico secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, tratando de dar explicaciones ante la tragedia consumada. Berni y también la Presidenta llegaron a criticar a un periodista que había anticipado lo que podía suceder entre los integrantes de la hinchada de Boca Juniors.

Si un periodista tenía información precisa sobre la batalla campal en ciernes, el Gobierno no puede hacerse el distraído y atacar “al mensajero”. Debe, en todo caso, no distorsionar los hechos y asumir que los acontecimientos le pasaron nuevamente por encima.

Queda dicho: la violencia en el fútbol no se erradicará de cuajo sólo con mostrarles “tarjeta roja” a ciertos dirigentes. Se trata de una problemática social y cultural que tiene a muchos responsables y cuya solución, al parecer aún lejana, demanda el compromiso de todos.