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Brasil, temas para imitar

En las elecciones presidenciales, Brasil volvió a demostrar que es una democracia sólida, flexible y pragmática, pese a ser un país de grandes contradicciones y contrastes.

05 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Brasil, temas para imitar

Contra la mayoría de los últimos pronósticos, habrá segunda vuelta en Brasil. Pero, además, no se descarta del todo que quien llegó en segundo término en la elección presidencial, el gobernador paulista, José Serra, pueda vencer –aunque es improbable– el 31 de octubre a Dilma Rousseff, quien obtuvo más del 47 por ciento de los votos contra casi el 34 por ciento de Serra y cerca del 20 por ciento de Marina Silva, ex ministra de Ambiente del presidente Lula y candidata del Partido Verde. Silva fue la gran sorpresa de esta elección. Casi el 20 por ciento, en el padrón brasileño, representa alrededor de 20 millones de votos. Dilma Rousseff obtuvo una ventaja incuestionable, pero la aritmética electoral y la flexibilidad e independencia de criterio de la ciudadanía brasileña pueden hacer que haya un gran vuelco en la segunda vuelta.Lo digno de destacar es que, pese a la inmensidad de su territorio y de su población, a sus grandes contradicciones económicas y sus enormes contrastes sociales, la democracia brasileña es casi ejemplar para el resto de América latina, por su madurez, su plasticidad y su calidad institucional. Y conjugar una gran potencialidad económica y social con un sistema político eficiente y plural no es poca cosa, sobre todo cuando se trata de una sociedad castigada por males endémicos, como la pobreza, la desigualdad y la criminalidad en gran escala.Hay, con todo, un serio llamado de atención a la clase política: un payaso –"Tiririca"– que se declaró "ignorante" y sin prometer nada a cambio, fue el legislador más votado, con casi 1,2 millón de votos.Pese a los avances de los últimos tiempos, América latina todavía está salpicada por la tradición de las "repúblicas bananeras", como lo demuestran los recientes casos de Honduras y Ecuador. Brasil se ha apartado de esa tradición, como Chile, Uruguay, Perú y la Argentina, aunque la solidez institucional y la cultura política no sean las mismas en todos los casos.Brasil, además, ha dado otro ejemplo: el de un auténtico federalismo. Los estados federales no dependen allí del presidente, no son marionetas manejadas por el poder central, ya que éste no puede premiarlos y castigarlos a su merced, según las lealtades políticas de cada uno. Cada Estado, e incluso cada municipio, maneja su presupuesto y políticas de manera autónoma, en coordinación con el gobierno central pero sin estar sometido a políticas de subsidios que exigen como contraparte la lealtad y hasta la sumisión de los estados (el equivalente a las provincias argentinas).Finalmente, otro punto a favor fue el uso del voto electrónico, que permitió comicios sin grandes sobresaltos y que en pocas horas se conocieran los resultados estaduales y general del país, sin sospechas o acusaciones de fraude.