Argentina, ante otra oportunidad
El mundo da señales de un cambio de tendencia. La Argentina tiene que concentrarse en los factores que le otorgan ventajas competitivas y en controlar la inflación.
Aunque el frente externo sigue siendo complejo y cambiante, hay tibias señales de que la situación ha comenzado a revertirse. A partir de esos datos, se abrirían nuevas oportunidades económicas para la Argentina, en especial para la producción de agroalimentos. La directora del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde, cauta en sus pronósticos, destacó días atrás que la economía global "ya no se encuentra al borde del abismo" y que crecen las señales de estabilización, tanto en la zona del euro como en Estados Unidos. Uno de los temas aún latentes es el precio internacional del petróleo, que podría ahogar esta suave brisa que sopla en los mercados mundiales.¿Se encuentra la Argentina preparada para aprovechar este nuevo "viento de cola" que en el período 2003-2008 le permitió salir de una de las crisis más profundas de su historia? La respuesta debiera ser negativa, si uno observa la decisión del Poder Ejecutivo y sus ideólogos de mantener una estrategia de confrontación con grandes sectores productivos del país, como son los casos del agropecuario y de los productores del petróleo.Las únicas políticas claras de la gestión de Cristina Fernández son obtener un superávit de la balanza comercial de 10 mil millones de dólares, que le permita pagar los compromisos de deuda sin colocar las reservas del Banco Central en un límite peligroso, y tomar fondos del ente monetario para sostener un gasto público que crece por encima del 30 por ciento anual.La Argentina perdió competitividad en los últimos años por una inflación implacable, a la que el Gobierno sacrifica en el altar del consumo. La popularidad y perdurabilidad de la gestión de la Presidenta están atadas al bolsillo de los argentinos. Pero las decisiones de una gestión no pueden ser sólo cortoplacistas, sino que deben proyectar una economía sustentable en el tiempo, más allá de eslóganes o frases hechas sobre la economía y la política.Otra muestra de la pérdida de competitividad: las exportaciones de Córdoba crecieron 26 por ciento durante 2011 por el factor precios, pero medidas en volumen retrocedieron siete por ciento. Se exporta menos, aunque los bienes primarios y manufacturados valen más. Además, sólo 22,3 por ciento de las ventas externas del país fue a los 20 países más competitivos del mundo.En este contexto, la única forma de evitar el ingreso de los productos más baratos que llegan desde el exterior es aplicar un cerrojo a las importaciones, como lo hace el secretario de Comercio Interior de la Nación, Guillermo Moreno, aun a costa de dejar sin insumos a las industrias y sin remedios básicos a la población.El mundo da señales de un cambio. Para aprovecharlo, la Argentina debe concentrarse en los factores que le otorgan ventajas competitivas y en controlar una inflación que deja fuera del consumo básico a miles de argentinos.

