Desde el pescante
Los hijos, niños y adolescentes crecen entre la necesidad de dignificar un trabajo, la discriminación social que perciben y las carencias estructurales que les dificultan torcer sus destinos.
Si ustedes vieran las cosas desde dónde yo las veo. Desde este asiento ("pescante", le dice mi papá), todo se ve distinto.Con algunas mantas abajo, es menos duro. Y entonces, desde acá arriba, podés ver las cosas como son. Los gritos, los colores, los olores y, sobre todo, la gente.En el carro cargamos ramas y hojas, o ladrillos, o basura, o lo que nos pidan. Mi papá maneja y yo ayudo; pero para juntar, no para manejar. ¡Si vieran por los lugares por donde pasamos!Lo mejor es cuando vamos en bajada. El Gaucho apura el paso y entonces el viento me empuja el pelo para atrás; mi papá me mira y se ríe. Lo peor es el dolor de espalda.Todos nos miran pasar, sobre todo los chicos. Les gusta el caballo; será porque no tienen uno. También miran las maderas del carro, siempre a punto de romperse. Las ruedas son de goma, así no saltamos tanto.Me llamo Candelaria. "Cande", me dicen en casa, y en la escuela. A los 6 empecé a acompañarlo a papá; ahora tengo 12. Cuando termine de estudiar, me gustaría ser cocinera. No pienso pasarme la vida en el carro, pero no quisiera dejar de ver las cosas como las veo.Desde acá miramos las personas que pasan como llegando siempre tarde. Nosotros no tenemos ese apuro. A veces me dan tristeza los chicos que miran detrás de las rejas de sus casas. No sé qué sentirán desde allá abajo.Mi papá es el mejor carrero que hay. Lo conocen en muchos lados y "le tienen confianza", dice mi mamá."Adiós, Humberto", lo saludan desde la vereda, y él levanta un brazo sin soltar las riendas. Si andamos descargados, frena, ata el caballo y se saca la gorra. Porque se saluda sin gorra."¿Necesita algo, don?", les pregunta a los vecinos. Ellos no contestan enseguida. Primero, piensan; un rato después, contestan: "Sí, tengo, pero ¿cuánto me va a cobrar?". O dicen: "No, nada Humberto; otro día". Mi papá pone la misma cara, si sí o si no.Cuando no hay trabajo, se pone serio, con cara de "¿qué le digo a la patrona?". La patrona es mi mamá.También hay algunos, no muchos, que nos miran desconfiados. Y eso que mi papá tiene cara de bueno. Una vez encontró unos billetes y los devolvió. El hombre le preguntó dónde estaban. "En la bolsa que usted me dio"."Ah, bueno", dijo, y se metió en su casa y no salió más.Una vez mi papá estuvo en la cárcel; yo no había nacido. Él sólo había ido a protestar porque no dejaban entrar carros al Centro, pero lo metieron preso. Después salió y no lo molestaron más. Ahora tiene una tarjeta de una cooperativa que dice que es un "trabajador recuperador". Además, el carro tiene su chapa, bien pegada atrás.Antes de dormir, rezamos. Por nosotros, por mi hermanito que está en el cielo, por la Virgen que nos ampara y porque el Gaucho siga bien.Así mi papá puede seguir trabajando.Y yo puedo seguir sentada, con el pelo para atrás, mirando desde el pescante. ....................................................... La crisis económica que eclosionó en 2001 tuvo, entre otros efectos, el aumento de cartoneros, carreros y cirujas en las principales ciudades argentinas. La falta de empleo, la pobreza y la revalorización de materiales reciclables llevó a naturalizar la recolección como fuente permanente de trabajo. En la actualidad, unas 30 cooperativas forman parte del Movimiento Carreros Unidos de Córdoba, con más de 350 familias involucradas en la actividad.Los hijos, niños y adolescentes crecen entre la necesidad de dignificar un trabajo, la discriminación social que perciben y las carencias estructurales que les dificultan torcer sus destinos.

