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Del mate cocido y pan al "bento"

Hay países que han afrontado penurias económicas, pero cumplen con el imperativo de vigilar la alimentación de los educandos. J. F. Marguch.

18 de junio de 2012 a las 12:17 a. m.
J. F. Marguch, Periodista
Del mate cocido y pan al "bento"

El escándalo producido por la insana reducción de calidad de los alimentos distribuidos por el Paicor induce a reflexionar acerca del mecanicismo con que se toman decisiones que terminan incidiendo de manera negativa sobre la salud de quienes los consumen. Nunca se utilizan experiencias de otros pueblos, que desde hace tiempo vigilan con rigor el valor alimenticio de las comidas que se sirven en los establecimientos educacionales.Alimentos de bajo valor calórico que alcanzan elevados contenidos de grasas "trans" y sal y una parafernalia de productos químicos (conservantes, colorantes, edulcorantes, etcétera), cuando los empresarios procuran extraer la mayor rentabilidad de sus productos y servicios.Es verdad que la crisis recurrente que padece la economía nacional obliga a ajustar costos de producción, pero los ajustes tienen una curiosa tendencia a disminuir la calidad y salubridad de los alimentos.Hay países que han afrontado penurias económicas y sociales mucho más graves y dilatadas que las que suelen devastar a los hogares argentinos, pero cumplen, como prioridad, el imperativo de vigilar científicamente la alimentación de los educandos. Un ejemplo. Se reconoce al Japón el mérito de poseer la mayor y mejor tradición en alimentación escolar. Aun hoy, inmerso en una recesión que se arrastra desde hace más de una década, el bento (la alimentación escolar) no disminuye su valor nutritivo, aunque la desocupación golpea a millones de hogares. Bento es la denominación del recipiente (originariamente una caja de madera con divisiones) que llevan los niños a la escuela. Según la historia o la tradición, que la acumulación de los siglos funden en una sola verdad, el bento fue creado por el comandante Oda Nobunaga (1534-1582), que lo impuso como comida portable de sus soldados en campaña.Fue rápidamente adoptado para usos civiles. Niños y adolescentes llevan a sus escuelas y colegios la comida que les han preparado sus padres, que siguen las recomendaciones científicas y el control de calidad y las sugerencias de presentación de los alimentos, periódicamente actualizados por el Ministerio de Educación. Comida creativa. Para hacer más atractiva la comida, las madres se transforman en verdaderas artistas, porque disponen los alimentos en una atractiva variedad de formas y colores, que van desde el rostro de Súper Mario Bros, Sonic, Pokemon, grupos de aves, cerditos, flores. (En Internet pueden admirarse decenas de bentos que encantan por su creatividad; algunos son obras maestras de arte decorativo.) Es muy frecuente que los adultos, hasta aquellos que desempeñan importantes funciones oficiales o privadas, lleven a sus lugares de trabajo el bento , porque han conservado el hábito que adquirieron en la infancia durante su pasaje por las aulas. Pero no todo se reduce a formas y sabores. Comer es incorporar al estilo de vida excelentes formas de sociabilidad. Si la escuela no tiene espacio reservado para comedor, los alumnos comen en las aulas y luego están obligados a lavar sus bentos , limpiar sus pupitres y recoger los trozos de alimentos que hubiesen caído al piso. Adquieren así un sentido de valoración de todo cuanto es de uso colectivo, que perdurará toda la vida. Historia de carencias La institución del Paicor fue una respuesta solidaria a una situación de emergencia. Pero, como sucede habitualmente en nuestro país, la emergencia se transmuta en permanente. La respuesta a una situación precaria se transforma en precarización inmodificable. De ahí que la historia del Paicor sea una historia de carencias, de escándalos de sobreprecios y de disminución de calidad que interrumpen períodos cada vez más breves de estabilidad.Esta interminable alternancia no se explica únicamente por los cíclicos y crónicos períodos de crisis sino también por la incontenible pulsión de extraer el máximo de beneficio de cuanto bien o servicio se contrata con el Estado.Por eso, de vez en cuando los hijos de hogares de recursos reducidos suelen ser sometidos a la iniquidad de dietas de África subsahariana. Salario educativo. Así como existe el salario familiar, debiera analizarse la posibilidad de establecer un salario educativo que reemplace una estructura onerosa y una experiencia agotada y que cubra las necesidades vitales del alumnado perteneciente a hogares de menores recursos, cuya merienda sería preparada por su familia, como el bento japonés. Ninguna empresa es mejor garantía de responsabilidad que los padres de los educandos. Sobre todo si son con frecuencia asesorados por personal técnico, sobre la base de controles realizables en las aulas o en los comedores escolares. Porque difícilmente una madre "estire" con agua la leche que beberán sus hijos ni "maquillará" alimentos que han superado largamente su fecha de vencimiento. Si el Estado reemplazara todo un aparato costoso, y no siempre eficiente, por una asignación por alimentación escolar, la comida que recibirían esos niños y adolescentes sería siempre superior al mate cocido y el bollo de pan. No se trata de subsidiariedad ni de tercerización, sino de búsqueda de lo mejor. Un mejoramiento que incluiría, fuera de toda duda, una mayor transparencia en los presupuestos de alimentación escolar.Desde luego, se requiere mucho coraje cívico para que autoridades electivas y la inevitable "línea media" renuncien a una estructura de costos que deja abiertos amplios márgenes para la maximización de beneficios limpios y de los otros.Es verdad que con el Paicor hay empresarios que acumulan fortunas y otros que se han arruinado. Todo depende del grosor y la oportunidad de los sobres o de la habilidad para aceptar reducciones en el cobro de las facturas, reducciones no registrables que, por lo demás, ya fueron previsoramente cubiertas por los sobreprecios.