De eso no se habla
El ministro de Economía sigue negando al Congreso una discusión leal acerca del desmadre del gasto público y el avanzado proceso inflacionario.
E l ministro de Economía de la Nación, Amado Boudou, desairó el jueves último al Senado de la Nación al no concurrir a la audiencia en la cual debía exponer temas fundamentales de su política. No hizo otra cosa que prolongar la retahíla de desaires inferidos por el kirchnerismo al Poder Legislativo desde que se instaló en la Casa Rosada.
Su excusa fue más un agravio que una explicación, pues informó a los senadores que le aguardaban que recién aterrizaba en Ezeiza y carecía de tiempo suficiente para acudir al Congreso. Una torpe explicación, porque el encuentro preveía un lapso suficiente para que el ministro aterrizara, descansara y acudiera a explicar algunos problemas y enigmas económicos.
En cambio, Boudou se sintió muy a su sabor por la tarde de ese día, cuando expuso ante las comisiones de Presupuesto y Hacienda y de Finanzas de la Cámara de Diputados, en las que sugirió no hablar del presupuesto nacional en vigencia, que comienza a mostrar la frágil estabilidad que supimos conseguir, por sus altas tasas de inflación y la vertiginosa expansión del gasto público destinado al proyecto continuista.
El viejo recurso kirchnerista de negar lo evidente no habría servido ahora, porque el crecimiento del costo de vida durante el año actual se estima ya en tasas superiores al 25 por ciento.
Es el proceso destructivo más grave entre los principales países de América latina, que este año tendrán inflaciones civilizadas: uno por ciento en Perú, 3,4 en Chile y 4,5 en Brasil. Sólo lo superará Hugo Chávez, viejo amigo de los Kirchner: en Venezuela, será del 42 por ciento.
Es evidente que Boudou no podía hacer nada diferente de lo que hizo: eludir el tema. O bien apelar a otra antigua tradición nacional y hacer lo que hicieron todos los ministros de Economía cuando acudieron al Congreso: asegurar que el proceso inflacionario está controlado.
Por lo demás, su margen de maniobras es aún más negativo que el de la política antiinflacionaria, porque ante la menor admisión de descontrol de la tendencia de crecimiento del costo de vida desataría la ira del ex presidente Néstor Kirchner, quien ya le envió un duro mensaje a través de su ariete más poderoso: el secretario general de la CGT oficialista, Hugo Moyano.
"La inflación es una realidad que se palpa todos los días", dijo el dirigente sindical, y reclamó una inmediata recomposición salarial. Aunque luego suavizó sus críticas, el mecanismo sugerido, hasta el tedio, siempre sirvió para avivar los fuegos de la hoguera inflacionaria.
Al parecer, no se han aprendido las lecciones de la historia o no se tiene capacidad para elaborar alternativas que contengan la degradación del poder adquisitivo de los salarios.
La inflación es, aunque no la reconozca el Gobierno nacional, el principal problema de la economía argentina.

