Cultura salvaje
Si hay justicia y a quienes delinquen les recae el peso de la ley, el mensaje que se transmite es de seguridad y tranquilidad para todos.
El éxito y récord de público de la película argentina Relatos salvajes se debe a que muestra con plena veracidad el comportamiento de los individuos ante distintas situaciones cotidianas en nuestra sociedad actual.
Las expresiones de Ivo Cutzarida, quien dijo que hay que matar al que sale a matar, tuvieron gran repercusión publica. El actor se autoproclamó la voz del pueblo porque, según él, dice lo que siente la gente común. Tiene razón. Y agregaría que es lo que piensan muchos dirigentes y gobernantes en la intimidad y entre amigos, pero que no se animan a declarar porque es algo políticamente incorrecto.
Este doble discurso nos revela un profundo desapego a la Constitución, leyes y normas jurídicas en general. Y, lo que es más grave aún, produce un gran retroceso en el avance de la civilización y nos retrotrae a las épocas de la ley del talión.
Esto nos demuestra que todavía no hemos madurado y que necesitamos un cambio de mentalidad.
Hemos interpretado de forma literal las enseñanzas del papa Francisco respecto de que hay que hacer “lío”. Y no en el sentido profundo y espiritual que ello significa.
El cambio de mentalidad implica cambios de pensamientos y de actitudes, sobre todo de los que tienen mayor responsabilidad en la formación educativa y de los tres poderes que conforman nuestra República.
El Ejecutivo debe reconocer y enfrentar el tema de la inseguridad. El Legislativo debe adecuar el marco legal. Y el Judicial debe garantizar que los jueces privilegien los derechos de la víctima y no los de los delincuentes y apliquen la ley con firmeza y convicción, sabiendo que hay una sociedad que lo reclama. Tienen que tomar conciencia de que integran el poder fundamental de una auténtica democracia.
Si hay justicia y a quienes delinquen les recae todo el peso de la ley, el mensaje que se transmite es de seguridad y tranquilidad para todos los que vivimos en una comunidad organizada. Así se consolida la certeza de que cada uno cumple su rol en la sociedad y que lo hace con la debida responsabilidad.
También se demuestra, con hechos concretos, que nunca es tarde para realizar cambios de mentalidad positivos y sinceros, sin dobles discursos, con la finalidad de lograr el bien común y el bienestar general.
Ya decía Platón que lo más importante de cada tarea es el comienzo. Todos debemos realizar una autocrítica y, sin hipocresías y sin egoísmos, ayudar para que nuestra sociedad avance.
En definitiva, todo depende de nosotros y de nuestras actitudes frente a la vida. Hay que privilegiar el orden legal, asumir que no debe ni puede existir la justicia por mano propia. Precisamente, la civilización ha avanzado gracias a la constitución de comunidades organizadas, con leyes y normas de convivencia y con los poderes encargados de hacerlas cumplir.
Que los gobernantes y políticos tomen debida nota y que los jueces tengan la dignidad, el coraje y la fortaleza para aplicar la ley de forma rigurosa y reparar el daño social del delito, que nadie quede impune y que nos sintamos seguros y protegidos los ciudadanos comunes y no los delincuentes. Así la Justicia recuperará credibilidad.
En resumen, tenemos que madurar y erradicar para siempre de nuestros comportamientos la cultura salvaje.
*Abogado, exjuez de Paz de la ciudad de Villa Allende, director de la revista “Nosotros y la realidad”.

