Cuando los errores derivan en crisis
En medio de una sangría de funcionarios, el intendente de Córdoba, Daniel Giacomino, suele padecer la enfermedad de muchos gobernantes. Julio Perotti.
¿C ómo termina esto? Así de simple, así de dramática, era la pregunta que recorría este fin de semana a sectores políticos, económicos y sociales de la capital provincial cuyas luces de alerta se habían encendido frente a la crisis que detonó en la Municipalidad de Córdoba, por el escándalo de la empresa estatal de transporte urbano, Tamse. Todos coincidieron en lo que, a esta altura, es obvio: la debilidad que exhibe la gestión de Daniel Giacomino, con problemas que se suman sin solución de continuidad y con una permanente sangría de funcionarios.Varios de los que están anotados para suceder al actual intendente en las elecciones de 2011 acordaban en que la única alternativa es estrechar filas para que la Municipalidad llegue lo menos maltrecha posible al recambio de gobierno.Pero encontraban una dificultad: no ven una puerta de diálogo abierta con Giacomino. "Podemos ayudar; el asunto es que él quiera que lo ayudemos", planteó un dirigente que en algún momento estuvo en el equipo municipal y que ahora busca su propio destino. Los tres ejes. Tres cuestiones centrales forman parte de esa agenda que debería conciliarse como "asuntos de Estado", para garantizar una continuidad sin sobresaltos: el problema del transporte, con Tamse como eje central; el futuro de la basura, y la relación con el sindicato de los municipales, Suoem. Tamse y basura son los mayores dolores de cabeza para Giacomino, que no acierta a encontrarles solución.La crisis por la falta de cospeles convirtió a la empresa municipal de transporte en un polvorín y le costó la cabeza al titular del área, Raúl Merino, y al directorio de la compañía.Hasta allí, la cosa no habría pasado de ser una muestra de inoperancia en la gestión.Pero el modo en que eligió Giacomino para prescindir de Merino tuvo un efecto conocido: funcionario desplazado, funcionario que se convierte en el héroe o la víctima de la película, y que hasta se siente con derecho a pedir la renuncia del intendente.Entonces, palabras como "mentiras" y "traición" pintaron un escenario de conspiraciones que atravesaron de punta a punta el Palacio 6 de Julio.Por si fuera poco, la elección de Rolando Villar para hacerse cargo de Tamse fue un desatino desde que se supo que tiene cuentas pendientes con la Justicia paraguaya.Los esfuerzos por defender a Villar, del propio Giacomino, primero, y luego del secretario de Gobierno, Walter Arriola, se derrumbaron como un castillo de naipes. "Está procesado en una causa que se abrió en 1999 (y) se encuentra en calidad de prófugo de la Justicia", cerró toda duda la fiscal paraguaya Victoria Acuña, un día después de que lavoz.com.ar revelara la existencia de un pedido de extradición de parte de Interpol.Llegada a Giacomino de la mano de Pablo Chacón, secretario General del gremio de empleados de comercio, la fallida designación de Villar significaba un nuevo abrazo del intendente con las corporaciones sindicales.Desde la ruptura con Luis Juez, a poco de iniciar su mandato, Giacomino acumuló un historial político que implicó, primero, un acercamiento a los Kirchner, que al final resultó estéril en términos de respaldo financiero: recibió menos del cinco por ciento de los recursos que le prometieron.Luego, ingresó en un agujero negro de respaldo político, con la salida del grupo radical de Guillermo Luque y Francisco Delich. Para suplir ese vacío, aparecieron los gremios, sobre los que se recostó, pero debió ceder casi toda su capacidad de decisión frente a los reclamos salarios. Ya se sabe: municipales, choferes y camioneros (que participan en la empresa de recolección de residuos, Crese) están entre los mejores pagos del país y, en este caso, a costa de los impuestos de los cordobeses. Varios no son equipo. Además, Giacomino tiene un gabinete que está lejos de ser un equipo. Se entrecruzan, aunque en voz baja, las sospechas entre los funcionarios; la verdad se conoce, al final, cuando alguno de ellos queda en la calle y atribuye sus pesares a una interna que, lejos de apaciguar, el intendente parece favorecer. Ese escenario de conjura llevó a sospechar que, si lo de Tamse con Villar salía bien, irían por la conducción de Crese, hoy en manos del socialista Eduardo García. La basura de la ciudad no es un inconveniente nuevo para el intendente. Cerró el depósito de Bouwer y abrió otro, luego de que debiera rendirse ante la evidencia de que la empresa Innviron estaba muy lejos de la experiencia que decía contar para convertir a la ciudad de Córdoba en un modelo en el tratamiento de residuos.Giacomino suele padecer la enfermedad de muchos gobernantes: creer que los medios de comunicación potencian los problemas y ocultan las obras y acciones. Es cierto que fueron algunos periodistas independientes los que revelaron que Innviron estaba floja de papeles y que Villar era quien era. Todo lo contrario, por cierto, del discurso que emanaba cada mañana del giacominismo y de los comunicadores rentados.O hay un arraigado sentimiento de impunidad o demasiada impericia en aquellos que creen que se puede pasar un elefante por la puerta de la casa sin que los demás lo noten."No entendemos por qué la percepción es mala, cuando estamos haciendo muchas cosas", decía antes de este escándalo un colaborador de Giacomino, mientras mostraba la cuenta de la red social Twitter del intendente, en la que relataba arreglos de luminarias y bacheo.Es lógico pensar cuál es la sensación social si, hace una semana, el propio Giacomino debió retar a sus funcionarios porque le escapaban a compartir actos con él: "A los que no vinieron, dígales que son unos huevones, porque parece que están con la cabeza escondida. No le tengan vergüenza a este intendente", dijo, patentizando la soledad en la que se encuentra.¿Hay chances de que Giacomino recupere la vertical? Desde luego, depende de sus propias acciones y también de la capacidad de saldar la crisis política en la que él mismo se metió. Él tiene la respuesta a la pregunta inicial: ¿Cómo termina esto?

