Cuando la prensa se prensa
Felices ocasiones cuando la prensa se presenta clara, honesta, independiente, respetuosa, precisa, responsable, elegante, novedosa y creativa. Marcelo Polakoff.
Desde que la prensa se llama prensa, la cuestión viene apretada -aprisionada, diría- y no sólo por la manera en que se conseguía sacar algo impreso, que no era otra que justamente a presión.
Siglos ha de aquellos tiempos. Y aunque la tecnología se haya desenfrenado, en última instancia, todavía no hay impresión que carezca de presión.
Para verificarlo, a veces es menester encontrarse con el vocablo original en su primera raíz, para contrastarlo con las diversas formas que fueron macerándolo a través de las peripecias de cada época y espacio.
Esa tríada "P.R.S." primigenia la podemos reconocer aún hoy en lo "opresivo" de algunos juicios públicos a la prensa. También la descubrimos en lo "represivo" de contestar a sillazos limpios alguna que otra presentación de un libro recién salido de imprenta.
Con no tanto esfuerzo, seremos también capaces de vislumbrar lo "depresivo" en varias otras páginas de una prensa que se esmera en encontrar no sólo lo que sin dudas está, sino de paso eso que sin dudas no está.
Al mismo tiempo, con un dejo de escozor, no resultará muy complicado hallar otro tipo de prensa, que "impresiona" porque hasta lo más tétrico puede llegar a ser presentado como lo más sacro.
Presiones. ¿Cómo evitar, entonces, las presiones en la prensa si precisamente su propio nombre deriva de esa misma acción?
Regocijándonos cada tanto, cuando leyendo algún periódico, nos enteramos de que por una buena nota de prensa -y con la imprescindible Justicia de por medio-, hay alguna nueva gente "presa", muy merecidamente "aprisionada".
También sabiendo distinguir cuando, en felices ocasiones, la prensa es capaz de abandonar presiones, impresiones, depresiones, represiones, opresiones y prisiones, para presentarse clara, honesta, independiente, respetuosa, responsable, precisa, elegante, novedosa y creativa.
Quizá únicamente esta misteriosa combinación de virtudes permita que, finalmente, nos topemos con la esperada "expresión", dejando así que la presión sea "ex", despojándose de todo aquello que tapa y oscurece el sentido último de tan noble empresa, que no es otra que comunicarse en serio.
En el capítulo 38 del libro de Génesis, la Torá nos relata que Judá tuvo mellizos con Tamar y cuando el primero asomó su mano, le colocaron una cinta roja para saber que era el primogénito. Pero he aquí que el otro bebé hizo mucha "presión" y logró nacer antes que su hermano. Por eso lo llamaron "PeReTS". Esa última consonante hebrea, la "TS" quedó en su posterior traslado al latín con el sonido de la "S" y se transformó así en la criatura lingüística que diera origen también a la prensa, un ámbito donde efectivamente todavía hay mucho por dar a luz.

