Cuando la política es el camino para honrar la vida
La historia empezó a escribirse aquel doloroso 6 de marzo de 2003, cuando hombres y mujeres se agolparon en el Cabildo histórico de la ciudad a rendirle homenaje y despedir a un ciudadano con mayúsculas. Marcelo Cossar.
Dicen que la historia pone en perspectiva los momentos y las coyunturas políticas que en el fragor de los hechos, muchas veces, quedan teñidos por pasiones y situaciones que no permiten ver el fondo de los procesos sociales y de las personas. Observar sólo los hechos sin analizar las reglas del momento que los determinan puede ser parte de una mirada incompleta, de una media verdad, que siempre correrá el riesgo de convertirse en una mentira completa, en el peor de los casos, o en una falsa conclusión.No hubo un Ramón Bautista Mestre intendente y un Ramón Bautista Mestre gobernador. Básicamente, hubo hombre político, con valores y convicciones inalterables, que se condujo en la vida dejando un testimonio de conductas que posiblemente muchos no puedan sostener en el tiempo.En realidad, fue un hombre que quienes lo conocieron de cerca, como sus equipos de gobierno, o de manera más distante, como sus vecinos, no dejan de poner de relieve los mismos atributos que, en función del contexto y las reglas del momento, fueron valorados de manera distinta. Momentos. Es el Mestre progresista desde sus orígenes en la militancia de la Universidad; el cuestionado por grupos minoritarios, tras su paso por el Ministerio del Interior de la Nación; el añorado por sus vecinos de la ciudad cuando fue intendente, y (asumo la posición), el incomprendido por muchos cuando fue gobernador de la provincia de Córdoba. Sin duda, fueron momentos distintos; pero si uno se detiene en sus convicciones y valores, hay que decir que su pensamiento progresista, su liderazgo contundente y su decidida acción de transformación estuvieron siempre presentes. Son elementos que estructuran una conducta política que puede ser discutida o compartida, pero que nunca pasará inadvertida ni será cuestionada en su planteo honorable y honesto. Eso, porque eligió la verdad al marketing, o defender sus convicciones a negociar especulaciones personales o del momento.Por otra parte, nadie duda de que fue un hombre al que le tocó enfrentar desafíos importantes; un gobernante de coyunturas que implicaron templanza, liderazgo y una mirada estratégica, para saber que a los tiempos difíciles había que superarlos para llevar a su pueblo a un momento armónico, achicando las brechas de la injusticia e integrando a todos en un proyecto común de sociedad.Ocurrió cuando fue intendente por primera vez; le tocó abrir las puertas de la democracia en la ciudad, poniendo fin a un sistema de impunidades dolorosas que vivió la Argentina. Restablecer las instituciones implicaba también avanzar en un proceso que permitiera recuperar la ciudad para los vecinos, lugares que habían quedado por años en la oscuridad.Cuatro años en el llano, tras su paso exitoso por la intendencia, fue otro testimonio de una construcción política sostenida sobre las convicciones y no sobre las conveniencias personales.Luego, tuvo que tomar los hierros calientes de una Provincia en crisis que había sido sometida por un gobierno nacional que pretendía a una Córdoba de rodillas, lo cual requirió ponerla de nuevo en equilibrio para que fuera sustentable a través de sus propios medios.Aquel 12 de julio de 1995, cuando pronunció su discurso como gobernador, tenía dos caminos: o edulcoraba el mensaje para respetar el dolor de quienes debieron anticipar la sucesión, porque la provincia se había tornado ingobernable, o explicaba el diagnóstico, con crudeza, por duro que fuera. Sin vacilaciones, Mestre se decidió por el segundo camino. Años difíciles. Pero su vida política tendría nuevos desafíos, como cuando en una Argentina sumida en la crisis, en medio de un quebranto terminal en los planos social, político y económico, necesitó de la pertinencia de quienes podían intentar, al menos intentar, evitar dolores mayores. Sin dudas, quienes miren sólo los hechos quedarán a mitad de camino en sus conclusiones, como dijimos al comienzo.Los sucesos responden a reglas, y si no las analizamos, jamás entenderemos su funcionamiento. La historia tiene su lógica que se ve en los hechos, pero que necesariamente deben ser entendidos en el análisis de sus reglas. Por eso, elijo mirar a Mestre desde la perspectiva histórica, con el tiempo transcurrido, analizando las reglas del momento, pero destacando lo inalterable, lo que se convierte en testimonio de conducta política; con las convicciones y valores de un hombre que asumió los desafíos más tremendos y supo estar a la altura de los acontecimientos, aunque ello le implicara un costo político alto, como la derrota de su última elección.Las lágrimas de aquel 12 de julio de 1999, ya con el resultado puesto de la derrota, mostraron el rostro de la verdad que propuso y la honestidad con la que se condujo."Ustedes no saben cuántas noches sin dormir, cuántas lágrimas en la intimidad por las decisiones que había que adoptar. Pero había un solo camino: recuperar a Córdoba. Y allí estuvimos poniendo todo lo que un hombre es capaz de poner". Sólo 40 palabras para sintetizar un compromiso con la verdad y la política. En memoria de todos. La historia empezó a escribirse aquel doloroso 6 de marzo de 2003, hace ya 10 años, cuando hombres y mujeres se agolparon en el Cabildo histórico de la ciudad a rendirle homenaje y despedir a un ciudadano con mayúsculas, que superó las miradas parciales e interesadas. Y se seguirá escribiendo con el testimonio de su obra. Quienes hoy tenemos responsabilidades de conducción ligadas a lo público estamos escribiendo la propia, y qué mejor que hacerlo honrando la vida y los valores que Ramón Bautista Mestre nos dejó.
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*Viceintendente de la ciudad de Córdoba

