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Crisis global, oportunidad global

“El G-20 llegó a un punto crítico, por demás silencioso, ante la crisis que asalta a Europa y a los Estados Unidos. El Grupo es incapaz de tomar una acción colectiva cuando sus miembros perciben la acción como un riesgo”. David Smith.

24 de agosto de 2011 a las 12:01 a. m.
David Smith (Director del Centro de Información de las Naciones Unidas para la Argentina y Uruguay)
Crisis global, oportunidad global

Hace días, el político que preside el único escenario en el que, literalmente, cada país del planeta tiene un sitio y una voz, llegó a Buenos Aires para una serie de reuniones con el Gobierno nacional, el Congreso y futuros diplomáticos. Joseph Deiss, un economista que cambió su rumbo por la diplomacia, ministro de Relaciones Exteriores de Suiza hasta convertirse en el actual presidente de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), compartió su mirada estimulante y franca ante la crisis que atraviesa el mundo.

Joseph Deiss, titular de la Asamblea General de la ONU, señaló en Argentina: "Nos encontramos frente a un mundo en el que los problemas cruzan las fronteras sin pasaportes", dijo al canciller argentino, en un animado almuerzo de trabajo en el Palacio San Martín. "La crisis económica y financiera actual, que comenzó en los Estados Unidos y se ha extendido al mundo entero, es un claro ejemplo de la velocidad con que los problemas domésticos se vuelven internacionales en apenas días o incluso horas". El canciller argentino, Héctor Timerman, se apuró en señalar que Latinoamérica ha sobrevivido a la crisis mejor que muchas otras regiones y que el crecimiento económico en la Argentina ha conservado su prosperidad. Deiss lo felicitó antes de ofrecer otro ejemplo de crisis detonantes sin pasaportes. "Piensen en el terremoto y el tsunami que azotaron Japón este año, y el consecuente riesgo de una catástrofe nuclear", señaló. "Esto provocó que muchos países en el mundo reconsideraran sus políticas de energía y plantas nucleares". Hizo una pausa, con su mirada fija en cada uno de nosotros alrededor de la mesa, y agregó: "La crisis de Japón nos mostró a todos, sin duda, la necesidad urgente de abordar el tema de la seguridad nuclear, de hacerlo juntos, de manera colectiva, no cada país en un momento diferente". 193 países. No hace falta decir que Deiss cree de manera ferviente en las Naciones Unidas. Ha sido un espíritu conductor detrás del referéndum histórico suizo de 2002, en el que este singular país votó el reajuste a su neutralidad estricta y se sumó, finalmente, a la ONU, más de medio siglo después de su creación. Durante el último año, Deiss presidió la Asamblea General de la ONU, la mayor parte del tiempo con 192 miembros. El nacimiento de Sudán del Sur, el 9 de julio de este año –comparte con la Argentina el aniversario de su independencia–, sumó un nuevo país. Deiss es suficientemente honesto como para admitir que el suyo es un trabajo de rango muy alto en su faz protocolar, aunque bajo en cuanto a poder real. "No saben cuán difícil es persuadir a 193 países para que se reúnan y logren el consenso hasta que intentan hacerlo", confió. Esa realidad política, una comunidad mundial que no pudo encontrar una causa común global, ha impulsado a un número de estados poderosos, en años recientes, a buscar soluciones fuera de la ONU. A lo largo de la década de 1990, emergió el poder y el prestigio del Grupo de los 7 (G-7), compuesto por Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón. Los rusos sumaron su voz y más tarde los chinos, como invitados especiales. La impresión fue que se había formado un club de elite, que tomaba decisiones que afectaban a la comunidad global, pero ampliamente por su cuenta. La crisis financiera de septiembre de 2008 impulsó la creación del Grupo de los 20 (G-20), lanzado en noviembre de ese año en una cumbre en el National Building Museum, de Washington. Participé de esa reunión con el secretario General, Ban Ki-moon, y la imagen fue sorprendente. China y Japón sentados junto a EE.UU. en la presidencia. África en la mesa grande por primera vez, con Sudáfrica disfrutando con orgullo de su ubicación. Y también Latinoamérica, con Brasil y la Argentina presentes. "No debemos olvidar a los miles de millones que viven en la extrema pobreza", dijo el secretario General. La suya era una voz solitaria, ya que los jugadores en la mesa tenían puesta su atención en la crisis del sistema bancario del Primer Mundo, no en el hambre del Tercer Mundo. Pero la crisis de este año que afectó a múltiples niveles, con la "zona euro" en plena agitación financiera y los Estados Unidos absorbidos por su discusión interna acerca de la deuda pública, hizo que muchos se preguntaran si alguno de esos clubes de elite puede hacer el trabajo. Funcionarios de alto rango del Gobierno argentino no ocultan su creencia de que el G-20 sólo se distingue por su silencio sobre la crisis en Europa y Washington. Un año al timón de la Asamblea General hizo que Joseph Deiss piense en el mejor modo en que el mundo podría hacer frente a las muchas crisis del presente, se trate de economía, hambre, migración, terrorismo o pandemias. "Esos desafíos deben ser abordados a través de una toma de decisiones global, una acción global y una gobernanza global", dijo en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación (Isen), y agregó de inmediato que "gobernanza global" no significa gobierno del mundo y que la mayoría de los temas deberían ser tratados siempre en los niveles locales, regionales y nacionales. No tuvo rodeos al referirse al G-20 y sugerir que ese cuerpo ha llegado a un punto crítico –por demás silencioso, en su opinión–, ante la crisis que asalta a Europa y los Estados Unidos, e incapaz de tomar una acción colectiva cuando sus miembros perciben la acción como un riesgo.Ni la ONU escapó a sus críticas. Tanto en privado como en público, durante su visita a la Argentina, admitió los defectos de la ONU, de su propia Asamblea General y de sus organismos económicos para alcanzar los desafíos del presente. "La necesidad de reforma de la Organización no ha sido nunca más urgente", destacó. Pero concluyó que sólo las Naciones Unidas ofrecen la legitimidad, la pericia y el liderazgo para capacitar a la comunidad mundial para confrontar a la crisis global. "Estoy convencido, realmente convencido, de que la ONU y la Asamblea General tienen el papel central en la captura de la complejidad de este nuevo mundo y en el diseño de una nueva estructura de gobernanza global que sea eficiente, abierta y representativa", nos dijo. Ésta es una visión compartida por mi jefe, el secretario General. Poco después de su propia visita a la Argentina, a mediados de junio, Ban Ki-moon emitió un enérgico llamado al cambio, a su regreso a la sede en Nueva York. "Debemos ser el foro universal que lidere al mundo, con una legitimidad única", dijo a los embajadores de cada país del planeta en la Asamblea General. "Pero la legitimidad por sí sola no es suficiente. Coherencia en el diseño de políticas, efectividad en el desempeño de nuestro trabajo, responsabilidad por los resultados; las tres son indispensables para que la ONU se gane la confianza de los habitantes del mundo". apuntó Ban Ki-moon. Joseph Deiss dejó la Cancillería para echar un vistazo al renovado Teatro Colón, con un pensamiento de despedida: "Pese a todas las críticas, las Naciones Unidas han brindado un servicio útil a la humanidad. Porque, sin duda, la ONU ha contribuido a hacer del mundo un lugar mejor".