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Corrupción en el paraíso

Resulta muy preocupante que el crecimiento economímico sidipe la atención sobre las prácticas irregulares de políticos y funcionarios. Héctor Ghiretti.

21 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Héctor Ghiretti*
Corrupción en el paraíso

En los últimos tiempos, España ha sido objeto de particular atención mundial no sólo por su profunda crisis económica y por el espectacular desempeño de la selección nacional de fútbol. También, porque el país ha sido sacudido por los numerosos casos de corrupción y venalidad.

Pareciera que donde se aprieta, salta el pus. Los casos involucran a casi la totalidad de los partidos políticos principales.

Las explicaciones son variadas, desde la necesidad de financiamiento de los pequeños ayuntamientos (una especie de "robo para la corona"), a la superabundancia de cargos políticos, que ante la eventualidad de perder el empleo con motivo de las elecciones, se ven obligados a "asegurarse el futuro". Todas las cuales no dejan de ser algo curiosas.

Hace unas semanas pregunté a un amigo analista político español, particularmente lúcido (y navarro, para más señas: garantía de honestidad, sinceridad brutal), sobre este asunto. Le proponía algunas explicaciones posibles sobre su origen:

1) El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero habría instalado una nueva forma de ejercer el poder, fundada en contraprestaciones entre intereses económicos y privados, degradando en pocos años la cultura política de la dirigencia española.

2) La abundancia de recursos de los últimos años habría relajado el control y la vigilancia sobre prácticas irregulares en el Estado, creando márgenes cada vez mayores de enriquecimiento ilícito.

3) La crisis económica habría tenido como efecto la súbita revelación de negociados y chanchullos, poniendo en evidencia lo que se venía haciendo desde siempre.

No recibí respuesta alguna, quizá porque la acertada era la más sombría. Ésta me llegó por otro lado, al leer recientemente una vieja entrevista realizada por Jorge Oviedo a Rudiger Dornbusch, el afamado economista alemán.

Explicaba Dornbusch que, comparativamente, las preferencias electorales se inclinan más por premiar el crecimiento económico y el empleo que por castigar la corrupción. "Si la economía vuelve a crecer, habrá menos preocupación por la corrupción, no digo que hay que sacarla de la tapa del diario, es allí a donde pertenece, digo que en la consideración de la gente importará menos", apuntaba.

Cálculo kirchnerista. Es el cálculo que actualmente hace Cristina Fernández de Kirchner para estimar sus posibilidades electorales para 2011: mientras haya crecimiento económico, ni la inflación ni la corrupción cuentan.

El razonamiento es muy sencillo: si todo el mundo tiene la certeza de que recibirá su parte del pastel y mantiene moderadas esperanzas de agrandar su porción en el próximo reparto, no le importa que otros se lleven el resto. Tampoco si lo hacen ilegítimamente.

Y también resulta muy preocupante el hecho de que el crecimiento económico disipa la atención sobre las prácticas irregulares de políticos y funcionarios. Razón suficiente como para tomar con pinzas las encuestas sobre corrupción basadas en las percepciones de los ciudadanos: sobre todo las que se hacen en algunos países ricos.

*Profesor de la Universidad Nacional de Cuyo, investigador del Conicet

Sólo así se entiende que algunos hayan visto una "latinoamericanización de Europa", como afirmaba otro amigo, un sudamericano residente en España. !Como si los latinoamericanos fuésemos los inventores de la corrupción política y administrativa!

El comentario oculta deliberadamente que el fenómeno sólo afecta a España, no a Europa. En todo caso, ¿eso quiere decir que si Latinoamérica lograra suprimir la corrupción se "hispanizaría" (o europeizaría, tanto da)?

Si la afirmación inicial es poco feliz, la conclusión derivada lo es menos aún. No: la "latinoamericanización" de España no pasa por la corrupción, sino por la pérdida de la estabilidad y del crecimiento económico. La corrupción, al parecer, nunca dejó de estar.

Europa sabe que en el naufragio español se juega mucho, y seguramente los dineros comunitarios terminarán fluyendo abundantes en ayuda del caído.

De este modo, una mejora en los indicadores económicos tendrá el efecto adicional -nada despreciable- de suavizar las conciencias de los españoles (honrados y no), quienes podrán reanudar su cátedra de transparencia y prosperidad destinada a países latinoamericanos, que iniciara, hace casi tres décadas… Felipe González, el intachable.

La tierra prometida. Para muchos argentinos -emigrados o no- España aparecía hasta hace poco como el paraíso, la tierra prometida, el ejemplo a seguir. Es un argumento que explotan los desopilantes reportes de Agustín Pandolfi, álter ego del dibujante, humorista y blogger Podeti (humorista y dibujante argentino).

El personaje es un argentino afincado en Barcelona que se dedica a hacer lapidarios contrastes entre el "país en serio" -España- y otro que no lo es, un "país en broma": la Argentina. A juzgar por lo último que se ha visto y con los matices que cabría hacer, ambas naciones parecen formar parte de la misma troupe de comediantes.

Ahora, las lecciones parecen claras: crecimiento económico y transparencia no se coimplican necesariamente; no es frecuente que la prosperidad y la corrupción coexistan; y seguramente la primera es el camuflaje perfecto para la segunda.