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¿Control de precios mundial?

Cualquier mecanismo que lleve a una limitación de los precios de cereales, oleaginosas, alimentos y bebidas implicaría una reducción de las exportaciones argentinas. Gustavo Scarpetta.

01 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
Gustavo Scarpetta (Docente UNC y UCC)
¿Control de precios mundial?

El Grupo de los 20 (G-20), conformado por los países líderes y los emergentes más importantes y que cuenta entre sus miembros a Brasil y la Argentina, debate cómo poner límites a los precios de los alimentos. Un sistema global de control de precios es la idea que el gobierno francés pretende aplicar. Los ministros de Agricultura del G-20 presentaron diferentes propuestas para limitar los valores de ciertas mercaderías. Semanas atrás se desarrolló en Buenos Aires una reunión que sirve de antecedente técnico para la que se efectuará en Cannes (Francia) el 3 y 4 de noviembre próximos. La propuesta francesa es regular los mercados de materias primas, principalmente de alimentos, a través de la fijación de precios con un mecanismo a determinar o a desarrollar. La preocupación de Francia –que preside en la actualidad el G-20– es el costo de los alimentos, la inflación que esto genera y el impacto en la seguridad alimentaria global. Esta situación se potencia por la suba de los precios de otras commodities (materias primas), como el petróleo, que repercute en los fletes y ciertos metales. Los precios de los alimentos se han ido a las nubes. El aumento tiene múltiples factores, desde la demanda china y de India, la especulación financiera y el aumento del uso de biocombustibles hasta las pérdidas de productividad en ciertas zonas. Los países importadores han sufrido en su mayoría crisis por esa situación. La primavera árabe. En los países del norte de África que tuvieron revueltas y cambios de gobierno los precios de sus alimentos fueron el disparador de la crisis. La propuesta de Francia tiene muchas oposiciones, en especial de Australia, Canadá, Brasil y nuestro país, los grandes productores. De prosperar el proyecto que impulsa Nicolas Sarkozy, las economías latinoamericanas y las demás productoras de commodities sufrirían un importante revés. Los países del Cono Sur, como la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, basan gran parte de su crecimiento en las exportaciones, lo que implica un fabuloso aporte a la economía de cada uno de ellos.Curiosamente, nunca se planteó este tipo de controles de precios en otras mercaderías que son necesarias para los países en vías de desarrollo y cuyos valores han subido en forma constante durante años. En momentos en que los términos del intercambio llevan casi una década de mejora, los países desarrollados piensan en revertir esa tendencia mediante una intervención. También llama a curiosidad que un gobierno etiquetado como no intervencionista y de libre mercado diseñe y proyecte un mecanismo de control mundial de precios. La oposición de parte de los países productores tiene que ser fuerte y decidida. Cualquier mecanismo que lleve a una limitación de los precios de cereales, oleaginosas, alimentos y bebidas implicaría una reducción de las exportaciones argentinas y latinoamericanas, con un impacto tanto en el superávit comercial como en el plano fiscal, por una menor recaudación impositiva.En abril, en una reunión entre autoridades de la Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, se fijó una posición común, al declararse que una medida como la planteada por Francia desincentivaría la producción, al desalentar a los países productores para ser más eficientes; de esta manera, ante una menor oferta de bienes, el resultado logrado sería exactamente el opuesto. Argentina aceptó en ese documento el concepto de que un menor precio desalienta la producción. Si bien no son altas las probabilidades de que ese control de precios global se concrete, la Argentina y las provincias productoras de alimentos deberían prestar la debida atención al tema y a esta problemática. Nuestro país conoce bastante de la ineficiencia de los controles de precios.