Temas del día:

"Contagio": virus contra la especie humana

En las últimas décadas, la emergencia de enfermedades infecciosas en el mundo se ha convertido en un fenómeno frecuente y que ha aumentado en comparación con el pasado. Adrián Díaz.

06 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Adrián Díaz (Investigador del Conicet)
"Contagio": virus contra la especie humana

En estos días, se proyecta en Córdoba la película Contagio , de Steven Soderbergh, un nuevo intento de mostrar la vulnerabilidad de la humanidad frente a las fuerzas de la naturaleza y cómo las consecuencias del miedo generalizado pueden ser peores que cualquier amenaza biológica. Pero, ¿es realmente posible que, fruto de un virus, la humanidad desaparezca en cuestión de días? El término "pandemia" alude a una "enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región".A lo largo de la historia de la humanidad, se han registrado numerosas pandemias por agentes infecciosos (bacterias, virus, ricketsias), de las cuales la mayoría eran zoonosis: enfermedades causadas por agentes infecciosos propios de los animales y que, por motivos determinados, cruzan la barrera entre especies para infectar también al humano. Salto y adaptación. Contagio se basa en la emergencia del virus Nipah, en Malasia (1998-1999). Este virus parasita naturalmente a murciélagos frugívoros, y cuando infecta a humanos o cerdos provoca enfermedad en el sistema respiratorio y nervioso y genera encefalitis y muerte. Para que un virus pueda cruzar la barrera de especie debe tener la habilidad de infectar y multiplicarse en un nuevo hospedador. Los virus que codifican su información genética en ARN y no en ADN (como el virus Nipah) poseen una mayor tasa de mutación y, por ende, mayor variabilidad y capacidad adaptativa a un nuevo hospedador. Los agentes virales causantes de las últimas pandemias poseen genoma de ARN (VIH, virus de la influenza aviar H5N1 y porcina H1N1, Coronavirus Sars –síndrome atípico respiratorio severo–).El salto de barrera es un hecho aleatorio que ocurre de manera inesperada, pero no necesariamente lleva a la adaptación del virus a su nuevo hospedador y genera una epidemia. Al principio, el virus puede adoptar un comportamiento letal elevado en el nuevo organismo, generando altas tasas de mortalidad, pero estas pueden disminuir de manera gradual gracias a la adaptación progresiva al hospedador. Porque, en definitiva, al virus no le conviene matar a su nuevo organismo receptor: lo necesita para subsistir.En la película, la cadena de transmisión que da lugar a la pandemia (murciélago-cerdo-humano), aunque parece corta y directa, en la realidad puede llevarle al virus varios intentos de mutación genética y un tiempo prudencial. En esta ficción, el virus adquiere la capacidad de infectar a humanos de una manera muy efectiva en un período extremadamente corto.A las pocas semanas de iniciarse la pandemia, el virus muta una vez más, incorporando material genético humano en su genoma, que ya poseía genes de cerdo. Aquí se reflejan aspectos relacionados con la pandemia por influenza porcina H1N1.En aquellos virus que poseen un genoma fragmentado (influenza), la incorporación de fragmentos genéticos es un hecho comprobado, pero este fenómeno es prácticamente imposible en virus que poseen una sola molécula de ARN, como el virus Nipah.En las últimas décadas, la emergencia de enfermedades infecciosas en el mundo se ha convertido en un fenómeno frecuente y que ha aumentado en comparación con tiempos pasados. No estamos hablando de un proceso relacionado a la antesala del apocalipsis, sino a un fenómeno que tiene causas identificadas: cambio climático, alteraciones de ambientes naturales, hiperconectividad entre poblaciones humanas por la globalización de los viajes.Todas estas causas favorecen el contacto del hombre con patógenos nuevos y aumentan las probabilidades del salto de especie por parte del virus. De red en red. Como resultado de proyectos de cooperación científica internacional, se han generado programas de alerta epidemiológica continua. La Organización Mundial de la Salud (OMS) posee una red mundial de alerta y respuesta ante brotes epidémicos. Además, los Estados Unidos y Europa poseen agencias estatales que monitorean y asesoran a la comunidad internacional sobre escenarios epidémicos sanitarios. Y existen bases de datos internacionales donde se comparte la información generada por diferentes organismos científicos y agencias gubernamentales. La última pandemia por influenza H1N1 puso en evidencia que la comunidad científica global está preparada para un escenario de emergencia. Responsabilidad social. El papel de la ciencia no es salvar el mundo; no surgió con ese objetivo. Ni siquiera los primeros científicos se preguntaban si su actividad era o no beneficiosa para la humanidad. Sin embargo, el devenir de los tiempos ha hecho que la ciencia tenga un rol privilegiado en la sociedad en la que vivimos. En este contexto surge la responsabilidad social de la investigación, más aún en temas que atañen a necesidades básicas del hombre (salud, educación, alimento). Lo importante es garantizar la accesibilidad al conocimiento científico.La mejor manera de lograrlo es que el Estado tenga un papel importante en el desarrollo y progreso de la actividad científica de un país. En la mayoría de los países industrializados, esta actividad es llevada a cabo por empresas, corporaciones y universidades privadas que responden a objetivos particulares, y generan conocimiento en función de intereses económicos.Otro aspecto importante que nos plantea Contagio es la necesidad de que la comunidad científica y sus actores tengan un contacto más fluido con las instituciones estatales y los medios de comunicación. En nuestro país, la distancia entre las diferentes dependencias públicas (ministerios, secretarías) y la comunidad científica (Conicet, universidades) es todavía demasiado grande.En ocasiones, los organismos encargados de operar sobre temas de salud pública directamente desconocen la existencia de grupos de investigación especializados; en algunas otras, les son indiferentes y omiten el asesoramiento recibido.De todos modos, se observan cambios paulatinos tendientes a fortalecer la cultura del asesoramiento técnico-científico. Nosotr@s, ustedes y ell@s. En estos escenarios, donde el pánico generado puede ser peor que la enfermedad en sí, todos tenemos una responsabilidad como actores sociales, unos más que otros. El rol de los medios de comunicación, en particular, debe ser el de comunicar conocimiento (información con-cimiento) y no simplemente el de brindar información. Por lo tanto, periodistas, científicos, funcionarios públicos y comunicadores sociales deberían interactuar con las áreas de comunicación de las instituciones gubernamentales que estén a cargo de la emergencia en cuestión. La educación y el conocimiento brindado a la comunidad son claves en este tipo de escenarios.Contar con personas que se comporten de manera humana, que puedan controlar los impulsos frente a eventos de desorden generalizado, que sean críticas con la información difundida, que cumplan con normas de higiene y medidas de prevención anunciadas, definitivamente disminuirían los efectos de una epidemia y la emergencia del pánico asociado. Lejos de ser utópica, esta sociedad está a pocas ideas de distancia.