Con la mirada en la soja
El resultado de la balanza comercial y del Tesoro está ligado a la cotización del complejo sojero; o sea, es fuertemente dependiente del contexto externo. Guillermo Acosta y Santiago Díaz.
La situación fiscal de la Argentina es al menos preocupante. En un año atípico, marcado por la ausencia una Ley de Presupuesto, la prórroga del anterior con "ajustes" aparece como el único instrumento de previsibilidad del Gobierno. Allí, la fragilidad de las cuentas públicas se hace evidente al estimarse un déficit financiero de 5.840 millones de pesos, después del pago de intereses de la deuda por 36 mil millones. Al estar muy comprometidas las vías de financiación más tradicionales, la dependencia del contexto externo favorable –léase, altos precios de las commodities (materias primas)– cobra particular relevancia. Balanza y retenciones. El año pasado, la recaudación por derechos de exportación (retenciones) alcanzó a 11.764 millones de dólares, de los cuales el complejo sojero (poroto, harina y pellets de soja) aportó cerca del 60 por ciento. Estimaciones del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos proyectan que las cantidades exportadas para 2011 alcanzarán las 11 millones de toneladas de soja, 29 de harina y cinco millones de toneladas de aceite de soja. A precios FOB de 2010 –que hoy constituyen al menos una posición conservadora–, el valor de las exportaciones para el complejo en su totalidad oscilará este año entre 23.500 millones de dólares (si los precios fueran los máximos del año pasado) y 16.200 millones en el caso contrario. Ese flujo de divisas tendrá un impacto significativo en el resultado de la balanza comercial, estimada en 10 mil millones, y dará al Gobierno mayor oxígeno en el manejo de las licencias no automáticas (LNA) para el control de las importaciones. El Tesoro se beneficiará de un modo más directo de esos precios internacionales, ya que el monto de recursos que obtendrá en concepto de derechos de exportación por el complejo sojero ascenderá a 7.130 millones de dólares (en caso de alcanzar las mayores cotizaciones de 2010) y a 4.430 millones en el otro supuesto. En términos relativos, implican aproximadamente entre 60 y 90 por ciento del superávit primario estimado de 30 mil millones de pesos (considerando un tipo de cambio de 4,10 pesos por dólar) y aproximadamente el total de pagos en compromisos internacionales. ¿Seguirá la buena racha? No se puede negar que detrás de los altos precios de las commodities se esconden cuestiones especulativas, impulsadas por el resguardo de los inversores en un contexto internacional marcado por la incertidumbre por el conflicto en los países árabes y la catástrofe de Japón. La recuperación de la economía global en 2010 fue liderada por China, el mayor demandante de soja, que significó el puntapié inicial para el despegue en las cotizaciones. Hay fundamentos de mercado sólidos detrás de esos precios, dado que los Estados Unidos tienen un nivel históricamente bajo en stocks de maíz y soja. Resulta difícil pensar que podrían caer en forma significativa: la cotización de la soja fue, en febrero último, 32 por ciento más elevada que el promedio de 2010. La capacidad de generar recursos fiscales no es una herramienta de política económica que el Estado pueda manejar de manera independiente, ya que está fuertemente ligada a lo que ocurra en el contexto internacional. Dos de las bases principales del esquema macroeconómico del período 2003-2010 fueron el equilibrio externo y el balance de las cuentas públicas. Sin embargo, la sensibilidad de ambas variables a la evolución del precio de la soja es un indicador de riesgo. ¿Estará perdiendo este modelo esas dos características fundamentales?

