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Cóctel para entender a la patria

Se introducen en una coctelera la patria industrial (“Argentina potencia”), la patria rural (“Las penas son de nosotros / las vaquitas son ajenas”) y la patria financiera (“Nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado”) y se sacude con fuerza. Ángel Stival.

10 de julio de 2011 a las 12:01 a. m.
Ángel Stival (Periodista; [email protected])
Cóctel para entender a la patria

Se introducen en una coctelera la patria industrial ("Argentina potencia"), la patria rural ("Las penas son de nosotros / las vaquitas son ajenas") y la patria financiera ("Nada de lo que deba ser estatal permanecerá en manos del Estado") y se sacude con fuerza, incluyendo algunos golpes, hasta que se mezclen bien. Se obtendrá un elixir que permitirá entender los inexplicables misterios de la historia argentina. Algo así deben haber necesitado en la década de 1970 Miguel Murmis y Juan Carlos Portantiero para escribir sus Estudios sobre los orígenes del peronismo (1971). No hay nada mágico en el libro, sino un académico estudio sociológico de dos especialistas que, siguiendo las huellas de José Luis Romero y Gino Germani, analizaron con métodos científicos el peronismo, en tiempos en que la mayoría de los intelectuales –y buena parte de la sociedad– quería extirparlo definitivamente.Murmis y Portantiero lograron elaborar un clásico ineludible para cualquier discusión sobre el tema. Lo precede un notable trabajo sobre crecimiento industrial y alianza de clases en la Argentina (1930-1940), en el que se revelan las relaciones entre los ingredientes de aquel cóctel imaginario después del crac de 1929 (la crisis es el modo de ser del capitalismo desde siempre), durante el período conocido como "década infame".Contradiciendo ideas tradicionales, los autores demuestran no sólo el papel creciente del Estado, sino también la existencia de una alianza tácita entre la Sociedad Rural y la Unión Industrial por los problemas derivados del cierre de los mercados internacionales.Asimismo, descubren una división profunda en los ruralistas: la Sociedad Rural representaba a los invernadores, en tanto que Carbap (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa) era la voz de los criadores, quienes se oponían en forma drástica a la industria: "Pretender (...) estabilizar industrias surgidas en medio de soluciones de emergencia es plantear un problema trágico para el futuro", decía Carbap. Y agregaba: "Mientras una mayor población no absorba los considerables saldos exportables, conspira contra la tranquilidad social cualquier medida que no los contemple como fundamentales". Era 1940, presidía el país Roberto M. Ortiz. Imagínese esas voces en tiempos del Estado cuasi totalitario de Juan Domingo Perón.En este año electoral y, por lo tanto, de encuentros y desencuentros difíciles de entender, y luego de celebrar un nuevo 9 de Julio, vendría bien repasar a Murmis y Portantiero para entender a la patria. Y tomarse el cóctel, claro.