Cifras que asustan
Para evitar accidentes, es necesario revisar lo que se conoce como “costados del camino”, para asegurar la provisión de espacios laterales que ayuden al conductor a recuperar el dominio, sin objetos fijos.
Las víctimas por siniestros de tránsito no disminuyen. Para comprobarlo, basta con ver la cantidad de muertos por este motivo en febrero pasado, cuando se verificó el registro más trágico de la década en materia de inseguridad vial en la provincia de Córdoba, según la estadística que elabora este diario.
El análisis de la tipología de los siniestros ocurridos en los últimos tiempos permite extraer un dato que alarma: la cantidad de episodios con vehículos solos. Es decir, aquellos hechos ocurridos en despistes, vuelcos o colisiones contra un objeto fijo, como columnas, árboles, etcétera. Esta tipología siempre representó un porcentaje importante dentro de la totalidad de siniestros, con valores superiores a los de otros países, pero desde hace un tiempo dicho valor asusta.
Para evitar este tipo de accidentes, es necesario revisar lo que se conoce como “costados del camino”, para asegurar la provisión de espacios laterales que ayuden al conductor a recuperar el dominio, sin objetos fijos. Es decir, que sean “indulgentes”, término utilizado para aludir a la característica de un espacio libre de obstáculos que permita reducir la frecuencia del error humano y el riesgo de que tal error termine en un siniestro.
La relación entre cantidad de siniestros y número de víctimas fatales muestra la ventaja de la modernización del parque vehicular, con buen porcentaje de automóviles dotados con dispositivos de seguridad pasiva.
Esta modernización –favorecida por el incremento de automóviles nuevos, que fue sostenido hasta hace poco más de un año– tiene su contracara en los biciclos. La mayor participación de estos en la composición del tránsito vehicular, sumada a la vulnerabilidad de este modo de transporte y a la subvaloración de la propia vida y de la del prójimo, han derivado en un incremento notable de la cantidad de accidentes con víctimas fatales en este tipo de vehículos. (En febrero pasado, en el 45 por ciento de los siniestros fatales hubo una moto o bicicleta involucrada).
En busca de las razones por las que en ese mes se registró esta cantidad de víctimas fatales, hay que mencionar el fenómeno atípico de las inundaciones, que generó preocupación, desasosiego y desesperanza no sólo entre los más afectados, sino en toda la población. Fenómeno que podría haberse mitigado si no fuera por la desaprensiva y desmedida deforestación, la urbanización descontrolada y el maltrato del ambiente.
Febrero también se caracterizó por el enrarecimiento del clima social. Este se refleja en numerosas actividades de la vida cotidiana, a las que el tránsito no escapa.
A diario se viven manifestaciones de agresión, violencia, descalificación, provocación. Y se da a todo nivel, desde la máxima autoridad del país –que ha hecho de este modo su estilo discursivo– hasta el ciudadano común. El clima social está enrarecido, y no porque se avizoren revueltas sociales, saqueos, acciones desestabilizantes, etcétera, sino porque nuestra sociedad ha perdido la capacidad de tolerancia y esto se refleja en el tránsito.
Una sociedad dominada por la crispación, la intolerancia, la ira y el desprecio por el otro se manifiesta en un tránsito intolerante, irascible, caótico, agresivo, desquiciado, lo cual da como resultado la cantidad de víctimas que lamentamos a diario por accidentes de tránsito.
En una sociedad desbordada, donde sólo a través de acciones punitivas se ha intentado disminuir el número de víctimas fatales de siniestros viales –sin resultados visibles–, es momento de preguntarnos: ¿hasta cuándo podemos seguir tolerando que el tránsito siga cobrando vidas humanas?
* Ingeniera, profesora de la Universidad Nacional de Córdoba.

