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Ciencia y tecnología: de la competencia a la complementariedad

La articulación internacional se vuelve un factor clave en todos los sectores, entre los que se destacan la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.

12 de septiembre de 2021 a las 12:03 a. m.
Maxilmiliano Alonso
Ciencia y tecnología: de la competencia a la complementariedad
Tecnología, fundamental para las empresas.

Si hay algo que la coyuntura está dejando claro es que, ante desafíos globales, se necesitan acciones coordinadas multilaterales. Requerimos de la implementación de soluciones a partir de la interrelación de bloques regionales en los que las políticas de los estados sean complementarias y donde cada país pueda aportar desde sus áreas mayor fortaleza y especialidad.

Para lograr estos consensos, la articulación internacional se vuelve un factor clave en todos los sectores, entre los que se destacan la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.

Debemos dejar de pensar en la cooperación parados sobre el viejo modelo de desarrollo. Atrás deben quedar las “carreras” entre países para apropiarse de un determinado conocimiento. Estamos frente a un nuevo paradigma que necesita apostar por la ciencia para un desarrollo sustentable e inclusivo.

Ningún país –tampoco ninguna región– tiene todo lo que necesita. La competencia debe ser reemplazada por la complementariedad y por la articulación multidisciplinaria y multisectorial. La construcción reactiva debe volverse proactiva y permitir generar procesos para estar por delante de los problemas y no detrás de ellos.

Los diálogos relacionados con la innovación deben estructurarse en una política determinada y no ser aleatorios.

América latina tiene el gran desafío de establecer como prioridad la generación de mecanismos de financiamiento a la innovación a partir de la formulación de políticas públicas que articulen el saber científico con el sector productivo. Sin políticas nacionales, no hay cooperación internacional y no hay cooperación internacional sin financiamiento.

De manera gradual tenemos que duplicar la inversión en educación, y triplicarla en investigación, en desarrollo y en innovación en los próximos 10 años. La cooperación necesita de una estrategia alineada tanto al país como a la región, y con un presupuesto bien definido.

En un mundo globalizado, ya no podemos mirar sólo al norte o al sur para buscar aliados. Es importante empezar a mirar hacia todos lados, incentivando la estructuración de regiones y el establecimiento de procesos multilaterales que involucren a ministerios, a universidades, a centros especializados y al sector privado.

Es clave la vinculación e internacionalización por parte de las universidades y de los centros de investigación.

Y allí es donde se vuelve fundamental consensuar, invertir y tener estrategias que eviten la condena de la endogamia que se está dando en los países desarrollados, los cuales miran cada vez más hacia adentro y se alejan del exterior para ejecutar programas y proyectos de desarrollo.

Nos vemos obligados a trabajar sobre los problemas de articulación en la región corrigiendo la fragilidad en los sistemas locales, nacionales e internacionales; considerando la salud y la educación como bienes públicos globales, y generando ecosistemas que fomenten la articulación.

La ciencia y la educación deben acercarse a los problemas sociales con la promoción de investigaciones e innovaciones responsables, transfiriendo tecnología a los sectores sociales y reconvirtiendo la función de instrumento político de la cooperación.

Argentina es un país referente para la región en esta materia y sus experiencias son inspiración para otros estados, por lo que estamos llamados a afrontar este desafío.

* Director para Argentina y Colombia del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE)