Cicuta para los griegos
Los griegos de hoy. Abrumados por los nuevos sofismas y obligados a tomar la cicuta. Ángel Stival.
E s célebre, sobre todo en la Argentina gracias a los equívocos de cierto presidente, que Sócrates (470-399 a. de C.) nunca escribió. ¡Qué ocurrencia!, podría reprochársele, para un pensador que puso los cimientos de la filosofía occidental, si no se tuviera en cuenta su contexto histórico. No era cuestión de tomar papel y lápiz. Había que conseguir un papiro (lámina vegetal extraída de la planta del mismo nombre) y alguna pluma de ave muy resistente, cuya punta se cortaba en forma oblicua. Aunque el pergamino, hecho de la piel de algunos animales, ya se había inventado, su uso no se difundió hasta que empezó a fabricarse en la ciudad de Pérgamo en épocas posteriores. Escribir, pues, no era tan fácil. Además, en el siglo V a. de C. recién comenzaba a difundirse, con vocales incluidas, el alfabeto griego y la mayoría de los escritos eran inscripciones sagradas o anotaciones económicas y contratos de la misma índole. Los escasos escritos literarios tomaban como base la tradición oral y los filósofos recorrían las ciudades dando discursos en las plazas. No eran muchos los que escribían sus ideas. Además, Sócrates tenía prevenciones fundadas contra la escritura, similares a las que se tienen hoy frente a las computadoras y se tuvieron no hace mucho ante las calculadoras. Aunque no escribió, sus ideas se conocen por su mejor discípulo, Platón, quien en el Fedro le hace decir, sobre las letras escritas: "Es olvido lo que producirán en las almas de quienes las aprendan, al descuidar la memoria, ya que, fiándose de lo escrito, llegarán al recuerdo desde fuera, a través de caracteres ajenos, no desde dentro, desde ellos mismos y por sí mismos... Apariencia de sabiduría es lo que proporcionas a tus alumnos, que no verdad. Porque habiendo oído muchas cosas sin aprenderlas, parecerá que tienen muchos conocimientos, siendo al contrario, en la mayoría de los casos, totalmente ignorantes". El padre de la mayéutica (llegar, a través del diálogo, a que el interlocutor descubra sus propias verdades) era coherente, de la misma manera que lo fue en su lucha contra los sofistas que, para él, no eran sabios, sino "traficantes que introducen sus enseñanzas" pero "desconocen de lo que venden, lo que es bueno o nocivo para el alma". Tampoco fue una ocurrencia de Sócrates exclamar "sólo sé que no sé nada" para diferenciarse de los sofismas de estos antiguos embaucadores. Por esa rebelión, que cuestionaba hasta a los dioses, fue condenado a muerte. Sofismas son también los que abruman a los griegos actuales, sumidos en una crisis terminal y condenados a beber la cicuta por embaucadores modernos que les alcanzan salvavidas de plomo mientras ellos siguen como si nada con su tráfico.

