Bono de fin de año e Impuesto a las Ganancias
Respecto del Impuesto a las Ganancias, hay que tener en cuenta que, para el sector alcanzado, la presión se ha agravado a niveles inéditos.
Llega fin de año y cobran actualidad dos temas claves en materia salarial. Por un lado, el bono de fin de año, que intenta ser una compensación por la alta inflación que se registró en los últimos 12 meses, la cual, según cálculos no oficiales, superó el 40 por ciento. Por otro lado, la presión que ejerce el Impuesto a las Ganancias sobre los salarios más altos, que alcanza al 15 por ciento de los trabajadores registrados de nuestro país. Para el bono de fin de año, la estrategia del Gobierno nacional es que se resuelva en cada paritaria, en que empleadores y trabajadores se pongan de acuerdo y en que el Estado no impulse la negociación pero tampoco la impida. Lejos quedaron los tiempos en los que Néstor Kirchner impulsaba como política de Estado la existencia de dicho bono. Respecto del Impuesto a las Ganancias, hay que tener en cuenta que, para el sector alcanzado, la presión impositiva se ha agravado a niveles inéditos por la combinación de los siguientes factores: los aumentos salariales de este año, que rondaron un promedio del 30 por ciento; la inflación ya mencionada, que horadó la actualización de las deducciones que permite el impuesto (artículo 23), y la falta de actualización de las escalas del artículo 90, que ya tienen un atraso de 14 años. Los aumentos de este año provocaron que los trabajadores alcanzados paguen sobre la "ganancia neta sujeta a impuesto" la alícuota máxima de la escala, el 35 por ciento. Dicha alícuota es la misma que pagan las empresas, sean estas Pyme, grandes o multinacionales.Sin dudas, el hecho de que un trabajador de un sector productivo o competitivo, o que sea parte de una actividad que tenga sindicatos con mucho poder de negociación, soporte la misma presión tributaria que una empresa es una injusticia que atenta contra el "principio de capacidad contributiva" que establece que el que más tiene, más debe tributar.Hecha esta aclaración, la estrategia del Gobierno nacional ha sido anunciar que no habrá cambios en el impuesto hasta marzo del año que viene. Dicho anuncio cayó muy mal entre los sectores del trabajo, que comenzaron a movilizarse y exigir a sus sindicatos que preparen medidas de fuerza. Las primeras organizaciones gremiales que tomaron el tema fueron las de los pilotos de Aerolíneas Argentinas, que lograron –ante la amenaza de paralizar a la aerolínea de bandera– un acuerdo bastante "particular". Dicho acuerdo consiste en que la empresa deposita un porcentaje del aumento salarial acordado en cuentas de los sindicatos y estos distribuyen entre los trabajadores tales montos en concepto de "aportes de carácter socio-asistencial a los trabajadores afiliados". De esta manera, y gracias a la mirada cómplice del titular de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Ricardo Echegaray, un porcentaje del aumento salarial no es alcanzado por Ganancias. Ante esta situación, son ahora los poderosos gremios petroleros de la Patagonia los que solicitan una medida similar. El Gobierno volvió a repetir que "no habrá cambios en el Impuesto a las Ganancias" y por otro lado habilitó una paritaria para negociar el tema. En síntesis, a los trabajadores de sectores estratégicos o monopólicos el Gobierno les abrió una vía para que el bono de fin de año no sea alcanzado por el impuesto, mientras que el resto de los trabajadores que pagan Ganancias no correrá la misma suerte. Así, la Nación provoca otra irregularidad o distorsión más en la aplicación del Impuesto a las Ganancias e impone lo que dice el triste refrán: "Todos somos iguales ante la ley, pero no ante los encargados de aplicarla".
*Autor de “El salario no es ganancia”

