Ayer, La Prensa; hoy, Clarín y La Nación
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó el informe “Papel Prensa-La Verdad”, que reúne los resultados de las investigaciones practicadas por sus funcionarios sobre la empresa Raúl Faure.
Días atrás, en el santuario de los fastos oficialistas, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner presentó el informe "Papel Prensa-La Verdad", que reúne los resultados de las investigaciones practicadas por sus funcionarios sobre la empresa. Ésta fue constituida hace más de tres décadas por el Estado nacional y los diarios La Razón (en ese momento, de propiedad de la familia Peralta Ramos) , Clarín y La Nación . Según se dijo, esas investigaciones acreditan que la venta efectuada por los anteriores propietarios a los nuevos dueños no fue un acto voluntario y libre, sino impuesto bajo amenazas y, por ello, jurídicamente nulo. La denuncia se desvaneció a las pocas horas. Según declaraciones de la hija y del hermano de David Graiver –dueño de las acciones de Papel Prensa que falleciera en un accidente aéreo–, la venta no fue fruto de una imposición sino de la necesidad de contar con fondos para afrontar el pago de deudas. Recurriendo al conocido adagio "el parto de los montes", el oficialismo creyó que alumbraría una criatura descomunal e imbatible y, al final, apareció un pequeño y frágil ratoncito. Aquellas declaraciones, que contradicen la versión expuesta por la Presidenta, fueron realizadas un mes antes. Ningún servicio de informaciones del Estado la alertó para que evitara el papelón.Tanto el propósito de intervenir la empresa Papel Prensa como el de declarar por ley de "interés público" la fabricación y comercialización de papel, murieron de manera prematura. Diarios y revistas. El plan que acaba de estallar fue urdido como segundo capítulo de la saga iniciada en 2009, cuando la mayoría con la que entonces contaba el oficialismo sancionó la llamada ley de medios, en realidad ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual. Esa norma fue diseñada con el pretexto de poner fin a las actividades "monopólicas" del Grupo Clarín, ocultándose que el propósito excluyente fue el de silenciar a la prensa opositora. ¿Cuáles serán los próximos pasos que se darán para domesticar a los medios? No es un acertijo. La respuesta es sencilla. Basta con evocar lo sucedido bajo el primer gobierno peronista, entre 1946 y 1955. Ningún gobierno peronista puede resistirse a la tentación de eliminar las expresiones opositoras y consagrarse a cultivar el endiosamiento de sus líderes.El plan comenzó a ejecutarse en 1947, cuando el matutino Democracia fue convertido en vocero del círculo que rodeaba a la entonces esposa del presidente de la Nación.Ese mismo año se constituyó Alea, como empresa estatal controlante de Crítica y de los vespertinos La Razón, Noticias Gráficas y La Época. Meses después, incorporó a El Mundo y decenas de revistas de gran circulación, fundadas por la editorial Heynes, además de la mayoría de los diarios provinciales.En nuestra provincia, Córdoba y Meridiano pasaron a integrar el monopolio estatal, en tanto La Voz del Interior resistió heroicamente, pagando por ello el alto costo de ver reducidas sus ediciones a sólo seis páginas. Revistas tradicionales, como Caras y Caretas, P.B.T. y Mundo Argentino pasaron a integrar ese vasto imperio, que comenzó a editar Mundo Peronista, Mundo Deportivo, Mundo Radial y decenas de semanarios y folletos para divulgar la doctrina peronista, elevada a la condición de "doctrina nacional" por ley del Congreso. Radios. Ese conglomerado se extendió aún más al apropiarse de todas las emisoras, para cubrir así el universo de lectores y radioescuchas, con la intención de uniformar el pensamiento en todo el país. En 1950, la célebre comisión parlamentaria presidida por los diputados peronistas José Emilio Visca y Rodolfo A. Decker se lanzó a la caza de las pocas publicaciones opositoras sobrevivientes, bajo el pretexto de eliminar "las expresiones antiargentinas". Para el peronismo, quien no adhería a la doctrina nacional era un traidor a la patria. A fines de 1940, sólo circulaban La Prensa y La Nación , únicos diarios porteños fuera del control oficialista, y Clarín, un tabloide fundado en 1945 que, con sus innovaciones, pronto ganó muchos lectores. El diario La Prensa era el botín más codiciado por el monopolio peronista. Su prestigio, su prédica y sus legendarios "clasificados" permitían llegar a amplias capas de la población con tiradas de alrededor de 300 mil ejemplares, en un país de 18 millones de habitantes. En enero de 1951 se puso en ejecución el plan para silenciarlo. Con protección policial, el Sindicato de Vendedores de Diarios obstaculizaba su distribución, mientras piquetes armados impedían el ingreso del personal. Cuando algunos quisieron romper el cerco, un obrero gráfico fue ultimado a balazos. El desenlace es conocido. En abril de 1951, el Congreso expropió el diario y fue cedido a la CGT sin costo alguno. El precio fue fijado de modo unilateral y no se pagó un peso, aduciéndose que la deuda se compensaba con la que el fisco le había fijado "por evasión de impuestos".La formidable maquinaria periodística fue puesta bajo el control de Raúl Apold, una especie de Joseph Goebbels nativo a quien Juan Perón invistió de poderes omnímodos para decidir lo que debíamos leer y escuchar los argentinos. Fue nuestro "ingeniero de almas", como llamaba Vladimir Lenin a los escritores que bajo el zarismo trataban de uniformar a la opinión pública bajo la doctrina única.Hasta el propio Perón, en 1954, cuando el edificio comenzaba a agrietarse, admitió que estaba rodeado de "pillos y alcahuetes", descalificando de ese modo a los manipuladores de la información.Como nos empeñamos en ignorar el pasado, seguramente el plan diseñado ahora para silenciar a los diarios opositores no se detendrá a pesar del reciente y resonante fracaso. Muchos medios de difusión ya forman parte del Estado, a través del "Ministerio de la Verdad", como llamaba George Orwell a los organismos que adulteraban la realidad bajo el régimen autocrático ridiculizado en su célebre libro 1984. Y muchos otros serán sometidos y cedidos a sindicatos y a los empresarios bendecidos por el Estado.
*Ex secretario de Gobierno de la Municipaliad de Córdoba (UCR)

