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Avances y retrocesos, en un juego peligroso

Es comprensible que la crisis por la deuda atrape el interés de medios y especialistas. Pero a la vez pone en un segundo plano el deterioro de la economía doméstica.

24 de agosto de 2014 a las 12:02 a. m.
Avances y retrocesos, en un juego peligroso

Si se tratara de cuestiones menos trascendentes para el país, habría que reconocer que gracias a esa habilidad para manejar el juego especulativo de la política, el Gobierno nacional ha logrado en los últimos días no sólo retomar la iniciativa, sino también fortalecer su posición de víctima y, a la vez, poner en vilo a la oposición. Lo consiguió la Presidenta al anunciar el envío al Congreso del proyecto de ley para cambiar la jurisdicción de pago de la deuda externa reestructurada, con el que redobló su negativa a acatar el fallo de la Justicia norteamericana.Los primeros efectos que produjo esa jugada fueron considerados muy satisfactorios por los estrategas del oficialismo. Por un lado, se agitaron las banderas ideológicas que entusiasman a los nostálgicos setentistas y a los jóvenes militantes; por el otro, se obligó al resto de las fuerzas políticas con representación parlamentaria a someterse a la falsa opción entre un voto por la Patria aprobando el proyecto, o por los buitres, rechazándolo.Fue la diputada Elisa Carrió, con su polémico estilo, la que calificó de "tontos" a sus colegas de la oposición por caer en la trampa tendida por Cristina Fernández para convertirlos en "buitres". Letra chica Pero, como dijimos, se trata nada más que del juego pequeño y especulativo de la política, porque las consecuencias finales de estas movidas del oficialismo no necesariamente significan el apocalipsis de la Argentina, pero sí amenazan con ser muy gravosas para el país. La solvencia técnica del exsecretario de Finanzas Guillermo Nielsen lo llevó a apuntar un dato no menor del proyecto enviado al Congreso: de aprobarse, además de alejar de forma indefinida la negociación de deuda argentina del mercado financiero norteamericano –el principal del mundo–, esa ley garantizará cobertura legal a los funcionarios por todo lo hecho desde 2010 hasta la fecha. Es decir, la impericia demostrada hasta acá en el conflicto por los bonos no reestructurados estará respaldada por una ley del Congreso y, por lo tanto, salvará la responsabilidad de los funcionarios.Es comprensible que la crisis por la deuda –por su gravedad y repercusión interna– atrape el interés de medios y especialistas. Pero a la vez pone en segundo plano el deterioro de la economía doméstica.Justo en un momento en que la recesión afecta fuerte el nivel de actividad, el Gobierno nacional salió a irritar la piel de los empresarios con el proyecto de ley de abastecimiento. El aumento del desempleo por el cierre de empresas, las suspensiones, la inflación creciente y la falta de políticas claras para las economías regionales conforman un panorama sumamente crítico."El apoyo que estamos ganando por la pelea con los fondos buitre se nos escapa por la pérdida del poder adquisitivo de los salarios y la incertidumbre que frena el consumo", admiten fuentes oficiales. Pero, también acá, la picardía para el juego chico de la política tiene su lugar: ante el anuncio del paro del próximo jueves por parte de la CGT opositora que lidera Hugo Moyano, el Gobierno citó a la CGT oficialista que encabeza Antonio Caló para anunciar que el viernes, o sea un día después, se reunirá el Consejo del Salario para ajustar el mínimo en alrededor del 30 por ciento. El mensaje implícito es que si algún gremio de este sector se adhiere al paro, no habrá reunión. Improvisación Dentro del oficialismo se siguen encendiendo luces de alarma por la inacción que se advierte en distintas áreas del Gobierno. A nadie escapó el blooper oficial de ofrecerle carne argentina a Rusia justo el día en que el ministro Axel Kicillof ordenaba el cierre de las exportaciones de carne. O el airado llamado telefónico de la Presidenta al jefe de la bancada oficialista del Senado, Miguel Ángel Pichetto, para recriminarle la moderación y cierta toma de distancia que mostró en una entrevista radiofónica. Fue una más de las tantas ingratitudes que el mismo Pichetto dice en privado haber recibido y que lo tendrían al borde de la ruptura.Tampoco pasó inadvertido el fuerte alineamiento que mostró Daniel Scioli con la jugada oficial en el conflicto por la deuda, para no perder terreno ante la aparición de nuevos precandidatos para suceder a Cristina, como el excanciller Jorge Taiana, apoyado por la izquierda kirchnerista.Estos movimientos internos se producen también a la luz de un preocupante brote de intolerancia política traducida en renovados escraches a quienes piensan diferente. Estos van dejando la mera dialéctica para convertirse directamente en hechos de violencia.