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Argentina y la sombra de la violencia

La temperatura de la violencia sube y los errores del Gobierno colaboran con quienes apuestan a ella.

13 de agosto de 2016 a las 12:01 a. m.
Argentina y la sombra de la violencia

Un fantasma recorre el país, pero no es el que recorría Europa en El manifiesto comunista . Es el fantasma de la violencia política. Un espectro que Argentina debiera tener confinado en el pasado. Miles de anónimas amenazas de muerte al Presidente y otras tantas a la expresidenta se suman a muchas señales preocupantes. Sobre todo en una sociedad sin reacción ante los cambios incrementales.Argentina es como la rana del ejemplo que da Peter Senge en su libro La quinta disciplina . Este experto en sistemas organizacionales del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) experimentó colocando una rana en agua y aumentando gradualmente la temperatura hasta hacerla hervir. El batracio murió porque, de haber sido lanzado al agua cuando esta ya estaba hirviendo, habría saltado del recipiente para ponerse a salvo. Pero no tiene reacción si la temperatura sube lentamente.Al país le pasa lo mismo. No reacciona hasta que los desvaríos económicos terminan en colapsos, la corrupción desemboca en oceánicos desfalcos y la violencia alcanza un clímax devastador.La temperatura va creciendo en el lenguaje agresivo que usan periodistas de una y otra vereda. No la aplacó Mauricio Macri al confundir terrorismo de Estado con guerra sucia, un error gravísimo que muestra negligencia o ignorancia. Y la agravó esa ostentación de bestialidad que hizo Guillermo Moreno en un programa insultando y amenazando a un economista cuya pregunta no sabía contestar.La violencia del exfuncionario humilló a las conductoras que lo habían invitado y que se amedrentaron en lugar de echarlo del set. Días después, advirtió al Gobierno de que si no encontraba a quienes robaron una oficina de él se encargarían de hacerlo "las organizaciones libres del pueblo". Así llamaba el ala izquierda del peronismo setentista (Moreno era del ala derecha) a las agrupaciones armadas cuyos asesinatos y secuestros, junto a los de la ultraderechista Triple A, abrieron camino a la dictadura genocida. Pero el fascismo explícito de Moreno no fue una señal aislada. También fue un acto de violencia que Hebe de Bonafini usara su pasado heroico y la significación histórica de las Madres para no ir a declarar al juzgado que investiga un desfalco millonario ocurrido bajo su responsabilidad.Ella misma lo tradujo en palabras, al hacer un brindis con Cristina: "Para que Macri nos tenga miedo".La idea de que el heroísmo del pasado da impunidad en el presente es absurda y autoritaria. Como sostener que Francia no debió juzgar y condenar al mariscal Petain por haber encabezado el régimen de Vichy, debido a que había sido el héroe de la Primera Guerra Mundial que ganó la batalla de Verdún.Cristina quiere que por la corrupción paguen sus funcionarios, pero no ella ni las figuras emblemáticas de la mitología creada por su aparato de propaganda.Como próceres vivientes, se colocaron por encima de la ley y, tras ponerla de rodillas, brindaron para que les tenga "miedo". Porque, en definitiva, no es Macri, sino el sistema institucional el que debe temerles.La temperatura de la violencia sube y los errores del Gobierno colaboran con quienes apuestan a ella.El mal cálculo de Juan José Aranguren y la pasmosa falta de reacción del Gobierno frente al empantanamiento de las tarifas son graves. Esa parálisis es una mala señal para las tan anunciadas y demoradas inversiones.Macri podría empezar a parecerse al entrañable personaje de La vida es bella , cuya proeza consistía en hacer que su hijito no se diera cuenta de que estaba en un infierno. Guido Orefice empeñó imaginación y esfuerzo para que el pequeño Giosué creyera que lo que estaban viviendo era un juego y no lo que en realidad era: un campo de concentración.Si lo que Macri lleva tiempo anunciando no empieza a ser visible en los hechos, su optimismo empezará a parecerse al juego del conmovedor personaje de Roberto Benigni. Y, en esa situación, será más fácil que los fósforos que algunos tiran al conurbano bonaerense finalmente enciendan el combustible producido por la mezcla de recesión, inflación y desempleo.Ese estallido es lo que necesitan muchos acusados de corrupción. Planean huir entre las llamas.* Periodista y politólogo