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Argentina y el oráculo montevideano

El presidente de Uruguay, José Mujica, suscribió la dura consideración que había hecho Jorge Batlle sobre la deshonestidad de los argentinos. Claudio Fantini.

20 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Claudio Fantini (Director del Departamento de Ciencias Políticas de la UES 21)
Argentina y el oráculo montevideano

"Si te digo tonto, no te estoy insultando; te estoy describiendo", lanzó Miguel de Unamuno a su torpe contendiente en un debate. El presidente de Uruguay, José Mujica, podría decir lo mismo que el escritor español, para responder a la Argentina que se ofende "patrióticamente" ante sus reflexiones. No lo hará porque, cuando habla de los argentinos, el objetivo del mandatario uruguayo no es ofender sino mostrar. En definitiva, muestra lo que está a la vista, pero el país no quiere ver. Peor aun, lo ve y no le importa. Su otro objetivo es mostrar a Uruguay las argentinidades que no se deben cometer.En Montevideo, está el oráculo que dice a uruguayos y argentinos que la centroizquierda no debe actuar como "una patota" narcotizada con su propio relato épico y que los adversarios del personalismo verticalista no tienen que ser "unos nabos" como los radicales.Por cierto, sabe que son generalizaciones exageradas y que, como todas las reglas, contienen excepciones. Lo importante es poder dilucidar si esos males existen en la realidad o sólo en la imaginación del oráculo montevideano. Apretadores. De que la Argentina es un país "partido en dos", puede dar fe cualquiera de las dos partes. En cuanto a la suscripción que hizo Mujica a la descripción de Jorge Batlle sobre los argentinos como "una manga de ladrones del primero al último", mucho más útil que ofenderse es aceptar lo que también es evidente: el mecanismo de la sociedad es el apriete y la toma de rehenes. En la Argentina, la fuerza está dada por la capacidad de tomar rehenes para alcanzar objetivos, mediante el método del apriete. Ergo, el poder es directamente proporcional a la fuerza para apretar, lo cual está determinado por la capacidad de tomar rehenes. Un dirigente, un sector, una empresa, un Gobierno o lo que sea, tendrán la cantidad de poder que su fuerza para apretar a otros les permita.Yo aprieto, tu aprietas… nosotros tomamos rehenes. Esa conjugación es la del verbo "funcionar", porque el mecanismo de funcionamiento de las cosas no está dado por la solidaridad ni el espíritu de cooperación, sino por la extorsión.Desde algunos "cuidacoches" o "naranjitas" callejeros que en las noches cobran, en realidad, no por cuidar el auto sino por no rayarlo o dañarlo, hasta las empresas que aumentan precios cuando pueden producir más. En todas las escalas y ámbitos funciona el mecanismo del apriete. Por cierto, se ve más en los escenarios sindicales, corporativos y políticos.Los ruralistas tomaban de rehenes en las rutas a los viajeros para que no les subieran las retenciones, mientras piqueteros de todos los estratos toman de rehenes a los automovilistas urbanos casi a diario. Un gran exponente del país del apriete es Hugo Moyano, con sus camiones para bloquear fábricas y sus "muchachos" para sacar a la calle. Aprieta el barrabrava tomando de rehenes a jugadores y dirigentes; aprietan los gobernadores e intendentes que compran silencio o adulación con pauta publicitaria y los distribuidores de pautas oficiales que, en lugar de repartir equitativamente, sólo dan al que va al pie a pedirla, suplicarla o negociarla.También aprietan los medios que siempre hacen flotar el paródico apriete que Minguito Tinguitela hacía a los entrevistados de La Voz del Rioba: "Nosotros podemos levantarte una lápida o hacerte un buraco así". Rehenes. Una medida de fuerza puede ser dura, pero jamás cruel. Cuando traspasa esa frontera, está revelando una patología social. Lo hicieron los sindicatos de pilotos cuando, por una puja descabellada de poder sobre una empresa estatal, fueron crueles con miles de pasajeros secuestrados en aeropuertos. No importó que muchos perdieran conexiones y otros viajaran para tratamientos médicos. Ni siquiera importó el dolor de un padre que trasladaba el cadáver del hijo. A la salida de Ezeiza, único destino con Aeroparque cerrado, había taxistas y remiseros que cobraban locuras para el traslado. Toda una postal del país del apriete y los rehenes. Es el método que siempre utilizaron los gobernantes, pero que Néstor Kirchner supo implementar con brutalidad y eficacia jamás vistas. La obra pública, el pago de sueldos y jubilaciones, la coparticipación, la ex Side, la Administración Federal de Ingresos Públicos (Afip), todo vale para apretar a gobernadores, intendentes, empresarios o a quien sea. También vale disparar agravios y ataques personales contra quien critica o denuncia, utilizando el aparato mediático oficialista o mediante la legión de francotiradores que, de manera directa o indirecta, están ligados a las arcas públicas o a los favores del oficialismo.El nombre y la persona de los críticos es rehén de este retorcido método de censura. Pero la mediocridad que mayormente expone una oposición desprovista de pensamiento político, en algunos casos por representar intereses mezquinos y en otros, por no representar una cultura opuesta a las autoritarias, permite que se siga ejerciendo esa versión mediática del apriete.Tal vez a eso se refirió Mujica al suscribir lo que había dicho Batlle. Ofenderse con este vecino tan evidentemente noble y decente no es patriotismo sino hipocresía. Y él podría responder diciendo, como Unamuno, que no nos está insultando, sino describiendo.