Temas del día:

Argentina no es, sino que está siendo

La gente, alejada de las pequeñeces políticas, les dio a los dos palcos una lección inolvidable. Daniel Gattas.

29 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Daniel Gattas (Docente de las UNC y UCC)
Argentina no es, sino que está siendo

Finalizaron los festejos del Bicentenario. En nuestra retina quedarán grabados dos actos tan fastuosos como precisos, propios de la vieja opulencia del puerto. Por un lado, la reapertura del Teatro Colón y, por el otro, un desfile épico en cercanías del Obelisco.

Dos festejos para una Argentina con dos palcos, el de la oposición, con la fotografía de Cobos, Macri, Morales, Susana, Mirta, y algunos de los periodistas que fueron sometidos arbitrariamente a un juicio popular, y el del oficialismo, con Cristina, Néstor, Moyano, Scioli, las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y los presidentes latinoamericanos aliados.

Dos festejos que parcializaron el sentimiento genuino de la gente, y cuyo objetivo principal era capitalizar y si fuera posible monopolizar, semejante acontecimiento histórico. Ambos presentaron una imagen glamorosa para las dos Argentina -la de Buenos Aires-, que es la que más les preocupa y miman por su peso electoral, subsidiada en sus excesos por el resto del país, y la del interior, que mientras otea semejante derroche, lucha contra un sinnúmero de limitaciones y carencias. El gran factor común de los actos fue la extraordinaria participación ciudadana y el sorprendente presidente uruguayo José "Pepe" Mujica, que asistió a los dos acontecimientos dando una muestra de independencia y madurez política.

¿Y después qué? La respuesta parece lógica, después de tanto fausto, viene lo más importante y difícil: poner manos a la obra y transformar nuestro país para bien, lo que no es ninguna utopía, pero supone un mínimo acuerdo programático entre las diferentes fuerzas más allá del palco en el que se encuentren.

Es la única manera de poder establecer una dialéctica efectiva entre la denuncia de la situación deshumanizante e injusta por la que atraviesan muchos de nuestros conciudadanos, y el anuncio de su superación. Seguir repitiendo como una muletilla electoral que en una democracia los hombres son personas, y que como personas son libres y gozan de todos los derechos, y no hacer nada para lograr concretamente que esta afirmación sea una realidad tangible, es un acto de profunda hipocresía que nos debe avergonzar a todos.

El ejemplo de la gente. A pesar de los malos ejemplos de la política, no nos debemos resignar. Todo lo contrario, hay que persuadirnos de que Argentina no es, sino que está siendo, y que nuestro papel en este querido país, que intenta rehacerse a sí mismo, no puede ser sólo el de personas que constatan fríamente lo que ocurre a sus alrededores, sino también el de los que intervienen como sujetos de ocurrencias y de cambios.

En este Bicentenario, la gente, muy lejos de las pequeñeces propias de las disputas políticas, le dio a los dos palcos una lección inolvidable intentando construir un puente de plata que los acerque, lo que obliga moralmente a los dirigentes a clausurar definitivamente los caminos de la envidia y la mezquindad, tan dañinas y tan comunes en ese ámbito, y que en verdad son estigmas psicológicos a través de los cuales terminan confesando públicamente una humillante inferioridad.