Año crucial para la Unión Europea
Este año se inicia con desalentadoras perspectivas para la Unión Europea y el euro, por la prevalencia de los intereses nacionales sobre los comunitarios.
Este será un año crucial para la supervivencia de la Unión Europea (UE) y del euro. La mayoría de las medidas tomadas para conjurar la crisis fueron ineficaces y aparecen ahora como improvisadas y reactivas. Se sucedieron las reuniones cumbres, que se disolvían con firmas de acuerdos y proclamas que no obraron sobre la conflictiva realidad. El Reino Unido produjo la peor de las decepciones cuando impuso su veto a una propuesta franco-germana para avanzar hacia una unión fiscal más fuerte y operativa mediante la implantación de un gravamen comunitario sobre las operaciones financieras. En ese contexto, son comprensivos el europesimismo y las reticencias que se propagan en la mayoría de los 27 países de la UE, y sobre todo de los 17 miembros de la Eurozona. Según las previsiones de Eurostat (el organismo oficial europeo de análisis socioeconómico de la Unión), este año el crecimiento de la alianza sólo será del 0,5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), las primeras arenas movedizas de la recesión.Los programas de ajuste recomendados por organismos internacionales y de la UE no pueden producir la reactivación. La contracción del gasto social es su peor decisión. Los brutales recortes en los presupuestos de salud pública, educación y asistencialismo agravaron la situación.La crisis ha destruido ya más de 23 millones de posiciones laborales, y el desempleo castiga con la mayor dureza a los jóvenes de entre 18 y 24 años de edad.La urgencia por salir del túnel de la recesión empuja a los gobernantes a superponer organismos ineficientes. Ahora se habla del Mede (Mecanismo Europeo de Estabilidad), dotado con 500 mil millones de euros, que se sumará al existente Fondo de Estabilidad Financiera (Feef), con la no declarada intención de que sea un organismo de compra de deuda soberana de la Eurozona, algo que suscita vehemente oposición en la primer ministro de Alemania, Angela Merkel, que se niega tanto a ello como a la emisión de eurobonos garantizados por todos los gobiernos de la alianza.La crisis ha erosionado la confianza, de tal manera que los europeos sólo tienen esperanza en el Mede y en que el Banco Central Europeo (BCE) se transforme en comprador de bonos en el mercado primario, algo que le prohíbe su Carta Orgánica. Mientras tanto, el sistema bancario sigue descalabrado. De los 500 mil millones que el BCE puso a disposición de 523 bancos, 411 mil millones retornaron inmediatamente a las bóvedas del BCE; prefirieron seguridad al 0,25 por ciento de interés, antes que crear líneas de créditos promocionales para Pymes y consumo.La recesión dejó de ser una hipótesis de trabajo: es ya una acuciante realidad en Grecia y Portugal, y comienza a serlo en España, Italia, Reino Unido y hasta en Francia, cuya aparente solidez se está cayendo a pedazos.

