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Anestesia

Me pregunto: ¿qué parte de la formación académica o del aprendizaje de los profesionales olvidó a la persona? María Alejandra Reinato.

29 de noviembre de 2012 a las 12:01 a. m.
María Alejandra Reinato*
Anestesia

Me propuse utilizar mi propia experiencia para escribir sobre un tipo particular de "anestesia", de la que poco se habla y mucho menos se define. Una anestesia de la que somos objeto de "tratamiento" la gran mayoría de nosotros, usted, yo y el resto de las personas; a veces como víctimas, otras como victimarios. Quiero aclarar que parto de una premisa legada por mi experiencia de vida: no existen mejores maestras que las circunstancias que experimentamos en carne propia.Con 52 años, he acudido por cuestiones de salud a diferentes profesionales y especialistas, de acuerdo con lo que mi cuerpo manifestaba como enfermedad.He tenido buenas experiencias en relación con los diagnósticos y tratamientos, y eso lo reconozco y agradezco.No puedo decir lo mismo respecto de lo vivenciado en relación con el trato humano de estos "profesionales de la salud". Me ha tocado experimentar lo que defino como "anestesia profesional".Con ello hago alusión a la insatisfacción de necesidades esenciales para la recuperación de la salud de cualquier ser humano: contención, interés palpable y concreto que nos permite vivenciar la empatía; delicadeza, comprensión, ética... En resumen, una conexión que, por encima de la dolencia, vincule nutritivamente a dos personas desde lo mas preciado que las distingue: su humanidad.Y me pregunto: ¿qué parte de la formación académica o del aprendizaje de los profesionales olvidó a la persona?¿Se saltearon capítulos donde se enseña que la persona enferma, vulnerable, además de tener algún desequilibrio orgánico, se enfrenta a la combinación del dolor (físico y emocional), la incertidumbre, el desconcierto, los miedos, la angustia, esperas interminables, ausencia o deficiente contención familiar o social y, en algunos casos, la cercanía de la muerte?¿Olvidaron que el principio de cualquier tipo de recuperación se inicia con este primer contacto de la persona, que deposita "su vida" en manos de aquel en quien ha decidido confiarla?¿Pensaron que esta recuperación no sólo tiene que ver con los químicos y que, aun cuando se trate del tránsito indefectible hacia el final de la vida, el contacto humanizado repara –en sí mismo– el dolor o sufrimiento?¿Logran imaginar qué se siente cuando en ese primer paso, difícil y delicado, la persona vivencia que frente a ella hay un médico bajo efectos de la "anestesia"?Imagino algunas de las posibles causas de esta anestesia y digo: sobrecarga de demandas, insatisfacciones de diferente índole, apuros y urgencias, estados de ánimos personales, vocaciones equivocadas.Creo que existe sólo una actitud esencial para los que trabajamos con la vida de las personas y que, a pesar de las contingencias mencionadas, nos distingue para marcar y ser la diferencia.Que no se tiene que pensar: funciona como la respiración. Fluye, se convierte en el motor que potencia nuestra dignidad invitándonos a defender la dignidad de "los otros".Hablo del compromiso humano, que trasciende la vocación, intención, buena voluntad, cualquier juramento y, por lejos, el cumplimiento de una función o rol.Médicos, por excelentes científicos que sean, sus habilidades los distingan y sean brillantes en lo que hacen, intenten recuperar el propósito mayor que los y nos distingue por encima de nuestros "éxitos y fracasos": el respeto por la humanidad de quien tenemos enfrente, clave esencial para defender su vida y convertir la nuestra en un servicio.Por último, celebro a quienes, sin carteles luminosos o con ellos, no han olvidado su compromiso y forman parte de aquellos que, con una dignidad incorruptible, eligen día a día ser servidores en defensa de la vida.

*Licenciada en Trabajo Social