¿Ampliación de derechos o uso político de los adolescentes?
Creemos que la dimensión y el impacto político de generalizar el voto, en el ámbito nacional, de menores de 16 a 18 años no tiene punto de comparación con esta experiencia en la ciudad de Córdoba. Laura Sesma.
Es explícito y desvergonzado: necesitan lograr los dos tercios en el Congreso Nacional para avanzar en la reforma constitucional que permita la reelección indefinida, tal como hicieron en Santa Cruz. Esta vez, para conseguir el objetivo, les toca ser usados a los adolescentes de 16 a 18 años. Piensan que los van a poder adoctrinar con facilidad; por eso el desembarco de La Cámpora en las escuelas. Es un argumento falso sostener que lo hacen para ampliar los derechos de los jóvenes, porque lo que realmente pretenden es asegurarse, con esta medida, el apoyo masivo de ese sector. En definitiva, subestiman su capacidad de elegir y discernir.En 1995, como convencional constituyente municipal, apoyé el voto de los jóvenes a partir de los 16 años en la ciudad de Córdoba. El sistema se basa en la voluntad de cada joven de inscribirse en cada elección para poder votar, demostrando así su interés en participar, a modo de ir generando instancias de aprendizaje cívico en un nivel de gobierno local que, por su proximidad con los ciudadanos, es más factible de ser conocido y analizado a la hora de elegir.Creemos que la dimensión y el impacto político de generalizar el voto, en el ámbito nacional, de menores de 16 a 18 años no tiene punto de comparación con esta experiencia en la ciudad de Córdoba. Ilegitimidad de intención. Si bien en principio, por lo expuesto, no estamos de acuerdo con esta iniciativa del Gobierno, los fundamentos que se puedan esgrimir, tanto a favor como en contra, pasan a un segundo plano. Esto es así ya que, desde nuestro punto de vista, lo principal es que este proyecto de ley, como tantos otros, está viciado de ilegitimidad por la intención con la cual es promovido y por las consecuencias políticas que podría acarrear su aprobación.Existen hoy en América latina dos tipos de sistemas políticos claramente diferenciados. Por un lado, están los que sostienen la democracia, con todas sus imperfecciones, no sólo como medio sino como fin. Por otro lado, están los que, haciendo uso del sistema formal de elecciones, cuando llegan al poder imponen una dictadura de la mayoría usando todos los medios del aparato estatal para desarticular y neutralizar a quienes piensan distinto.Este esquema político, consciente y planificado en sus acciones, es el que impera hoy en la Argentina. Estos modelos, si bien tienen legitimidad de origen, no tienen legitimidad de ejercicio.Nadie puede negar que vivimos en un sistema democrático. Sin embargo, es también claro que están vulnerados los principios fundantes de la República, como son la división e independencia de los poderes, la periodicidad de los mandatos y la ética en la función pública, entre otros.Desde nuestro punto de vista, para lograr una sociedad con más igualdad y más democracia, es imprescindible definir cuál de esos modelos elegimos como Nación, antes de la polarización entre izquierda y derecha.En el presente, en nuestro continente, países como Brasil, Uruguay y Chile están ubicados en el bloque de naciones con sistemas democráticos y organización republicana.En contraste, se encuentran países como Venezuela, Bolivia, Ecuador y, lamentablemente, la Argentina, en los cuales hay sustento democrático, pero sin forma de gobierno republicana, y en los cuales, inexorablemente, la corrupción y la confusión entre lo público y lo privado pasan a ser parte esencial del esquema.Estos regímenes autoritarios avanzan, entre otras causas, gracias a quienes, si bien aparecen como opositores, en situaciones clave, estratégicamente, son funcionales de manera consciente o inconsciente al oficialismo. El rol de la oposición. Si analizamos el comportamiento de algunos sectores de la oposición, es inexplicable cómo, "ingenuamente", entran en el juego que les propone el Gobierno. Hoy es el voto para los jóvenes de 16 años; ayer, la ley de medios o las expropiaciones de la ex Ciccone y de YPF. No debe existir espacio para cálculos mezquinos, no importa cuántos votos se ganan o se pierden cuando está en juego la existencia misma de la República.Para justificar su acompañamiento al Gobierno en leyes determinantes, siempre encuentran un argumento "ideológico", que no se sabe si es simplemente una excusa o es que las "anteojeras ideológicas" no les permiten ver lo que aparece con tanta nitidez. Esos dogmas son muy peligrosos porque, como señala el periodista Claudio Fantini, Pablo Neruda, por ejemplo, terminó justificando las masacres de Joseph Stalin por el solo hecho de pertenecer al Partido Comunista.Este modelo político oficial replica, sin armas de por medio, la lógica de los grupos que en la década de 1970 integraban la supuesta "izquierda del peronismo". Por eso es incomprensible que, en este tema como en otros donde, claramente, existe un objetivo espurio y factible, los sectores de la oposición no coordinen una estrategia común. No es necesario ni conveniente en términos políticos unificar las propuestas electorales de centroizquierda y de centroderecha, pero sí es imperioso coordinar acciones frente al avance de un modelo político que no disimula su intención de aniquilar toda expresión distinta o que se anime a disentir.

