A dos semanas del parto
En este tramo final de campaña, no aparece una agenda común que vaya a fondo con los problemas que enfrenta Córdoba. Julio Perotti.
E ran otros los tiempos, era otra la historia... Aquellas campañas electorales multitudinarias y estentóreas, que invadían cada rincón de la provincia y de sus ciudades y pueblos, ya son cosa del pasado. Todo surge hoy de un laboratorio político que analiza cada oportunidad de voto potencial, se monta sobre mensajes audiovisuales y prescinde, al menos hasta estas últimas semanas, de la militancia que otrora salía disparada a hacer ruido en los barrios a favor de su candidato.De hecho, ya nadie piensa en actos masivos. Hay, debe reconocerse, sensatez en la decisión: esas movilizaciones no son espontáneas y, por ende, no pueden mostrarse como tales; sus costos son elevadísimos, y el riesgo de un fracaso en la convocatoria podría dejar la sensación de derrota anticipada. De qué se habla. ¿Qué se discute hoy en la campaña que vive Córdoba? Primero, la confiabilidad de los candidatos. Éste es –resulta obvio– el atributo central para cualquier elección.Aun así, las principales figuras en esta instancia electoral arrancaron con mensajes en esa línea. Pero tanto José Manuel de la Sota, de Unión por Córdoba, como Luis Juez, del Frente Cívico, tienen un alto grado de conocimiento de parte de la sociedad, por lo cual ya hay conceptos sobre ellos asentados en el inconsciente colectivo.De atrás arrancó el radical Oscar Aguad, pero es probable que rápidamente haya acortado la brecha.Segundo, no aparece una agenda común que vaya bien a fondo con los problemas que enfrenta Córdoba.Más bien, la cuestión parece centrada en quién representa mejor el concepto de cambio y con qué grado: con continuidad, como De la Sota, o con ruptura, como Juez, Aguad y el resto de los candidatos.La ausencia de un debate real, con los postulantes frente a frente, por la decisión de De la Sota de no aceptarlo, dejará la campaña librada a mensajes construidos a partir de encuestas y, como se señaló, destinados a nichos.Allí apunta, por caso, la estrategia de De la Sota.El candidato de Unión por Córdoba aprovechó la decisión del kirchnerismo de impedirle llevar en las elecciones del 23 de octubre a Cristina Fernández en su boleta de diputados, para salir a la conquista de un sustrato electoral anti K.Hay antecedentes: esto ya se exteriorizó en la primera vuelta de los comicios para jefe de Gobierno de Buenos Aires, que ganó Mauricio Macri, y que podría consolidarse hoy en Santa Fe.En claro tándem con el Gobierno de su socio Juan Schiaretti, De la Sota cuestiona la falta de aportes nacionales que hizo fracasar el plan Hogar Clase Media, y la pelea con Brasil, que impacta en la industria cordobesa, en tanto desde la oficina del gobernador se mandan reclamos por la falta de combustibles y el impago de los compromisos de la Nación con la Caja de Jubilaciones y para las obras de la avenida de Circunvalación, en la capital provincial.Sin embargo, el tono de las críticas nunca clausura la posibilidad de un acuerdo con la propia Cristina, a quien De la Sota y su gente prometieron apoyar en las primarias abiertas del 14 de agosto.La educación se convirtió, sí, en una cuestión que los tres candidatos abordan, aunque sin un eje común.Transporte gratis, ofrece De la Sota; "calidad e inclusión", promete Juez, y fuerte mejora salarial para los docentes, postula Aguad.Apenas unas pizcas de sal sazonaron la campaña en estos días. La denuncia de Juez sobre connivencia entre De la Sota y Aguad mereció la réplica del candidato radical, en lo que es un clásico de cada período preelectoral. Lo que falta. "A la campaña le faltaría una vuelta de tuerca. La gente está más metida que los políticos, que especularon con que la Copa América iba a cambiar el eje del interés social. Pero ahora no les queda otra que poner en marcha toda la artillería", sostiene un consultor cordobés que sigue de cerca desde hace muchos años los comportamientos electorales. En ese punto, el especialista admite que hay "opinión electoral", pero ésta no puede aún traducirse en "conducta electoral", que es la que posibilitaría medir las posibilidades ciertas de cualquier candidato. –¿Qué valor tienen hoy las encuestas? –se le preguntó.–Los políticos hacen campaña con las encuestas, pero la gente sabe que las encuestas son interesadas –respondió.Una tercera cuestión les hace correr el frío por la espalda a los partidos: ¿sabrá la gente utilizar la boleta única? Preocupaciones del debut. A 15 días de las elecciones, una encuesta telefónica ordenada por el Tribunal Superior de Justicia detectó que la mitad de los ciudadanos (sí, la mitad) no tiene idea sobre el nuevo sistema electoral. Es evidente que la campaña propagandística dio hasta ahora poco resultado. Entre el 9 y el 13 de julio pasados, el 60 por ciento de la gente admitía que ignoraba cómo usar la nueva boleta, según una encuesta realizada entonces en LaVoz.com.ar .A esto se suma el cambio en los lugares de votación, que rompe la rutina electoral de mucha gente y genera un riesgo cierto de una menor afluencia de electores.La posibilidad de error en el marcado de las categorías o de la lista única puede alterar también los tiempos del escrutinio.Pero estos temores no deberían hacer olvidar las virtudes del sistema que debuta. Adiós al voto en cadena y a la tramposa influencia de los aparatos partidarios; basta de robo de boletas; menores costos para los partidos; mejor control del acto eleccionario.Como toda primera vez, será difícil. Quizá el dolor del parto se olvide pronto y alumbre un ganador fuera de toda sospecha y, por ende, con plena legitimidad.

