Otro año con la actividad cuesta arriba
En 2011 se prevé la continuidad del crecimiento a menor ritmo, apuntalada por la industria, el consumo y un buen marco externo.
El comienzo de 2011 encuentra a todos con un mejor humor que la misma fecha de un año atrás, cuando las peleas por las reservas del Banco Central crispaban el humor económico. Por el contrario, el optimismo domina este principio de año porque las previsiones son que, pese a tener que enfrentar un período electoral, la actividad va a seguir cuesta arriba.Además, el empleo se mantendría firme y los salarios tratarían de seguir de cerca a la inflación. Con lo cual, el festival de consumo que se vivió en 2010, muy probablemente se repita.Pero... (siempre hay un pero) también se van a mantener, e incluso acentuar, los principales problemas que se vieron en 2010, con la inflación, la pérdida de competitividad y el déficit de infraestructura a la cabeza.No hay que temer que en 2011 estos problemas se vayan a salir de curso y provoquen una tormenta, pero son cuestiones que, con seguridad, quedarán pendientes para 2012, cuando comience la próxima gestión presidencial. Siga, siga. El cierre de 2010 fue mucho mejor de lo que se preveía a principios del año. Para la estadística oficial, el Producto Interno Bruto (PIB) crecerá alrededor de 8,9 por ciento. Para los privados, cerca del ocho por ciento. Las razones de este avance son varias. En el plano internacional, el repunte económico tras la crisis de 2009, sobre todo en China y Brasil (dos economías muy ligadas a la Argentina); alto precio de las commodities agrícolas, y dólar controlado. Todo esto, repercutió en una importante recuperación de las exportaciones (24 por ciento en los primeros 11 meses de 2010) y de la industria local. En el plano interno, el crecimiento del nivel de empleo y de los salarios y jubilaciones y la inyección de dinero que significó la implementación de la Asignación Universal por Hijo, se conjugaron con importantes acciones de bancos y comercios para avivar el ya importante fuego del consumo. Tanto la política fiscal (con una importante expansión del gasto público) como la política monetaria del Banco Central ayudaron a exacerbar el ciclo económico y retroalimentar la remarcación de precios. Para 2011, este impulso difícilmente se frene, aunque el crecimiento final sería más moderado. Un año electoral, que encuentra al Gobierno nacional con una holgura fiscal difícilmente genere una limitación a la política expansiva que alimenta precios y crecimiento. "Ya no estará presente el rebote después de un año recesivo como en 2010; Brasil y China probablemente crezcan a una tasa menor; y, por ser un año electoral, habría que esperar que se ralenticen las decisiones de inversión", anticipa Marcelo Capello, presidente del Ieral, que prevé un crecimiento de cinco por ciento. A no descuidar. "La inflación va a ser crítica y si hay aceleración eso va a repercutir en el crecimiento", opina Mariano Lamothe, economista jefe de Abeceb.com con estimaciones cercanas al 23 por ciento para 2011. "La inflación va a seguir subiendo porque tenemos muchas presiones de demanda y la oferta tiene dificultades para seguirla", subraya Fausto Spotorno, director de Orlando Ferreres y Asociados. "Ya impacta en el crecimiento: la inversión no es tan grande y los niveles de pobreza rondan el 30 por ciento", agrega. Para este año estima una suba de precios de 30 por ciento, frente al 26 de 2010. Para Spotorno, la gran dificultad este año será el déficit energético, que frenará el crecimiento industrial, y "la Niña", que ya se prevé impactará sobre la cosecha. Las previsiones son magras: sólo tres por ciento. Para la industria el tema cambiario también empieza a ajustar. No es probable que el dólar se dispare (se situaría entre 4,20 y 4,50 en diciembre) con lo cual seguiría la pérdida de competitividad cambiaria. El ánimo es bueno, los temas pendiente, por el momento, pueden ser manejables. Habrá que ver hasta dónde se tira la cuerda en este año electoral para ver si queda margen a que, cuando pasen los comicios, se puedan encarar las reformas necesarias para seguir creciendo mucho tiempo más.

