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Duelo de perdedores

Para los K, la inflación se ha transformado en una droga a la que no sólo no puede dejar, sino que cada vez necesita más. Roxana Acotto.

06 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Duelo de perdedores

Para los K, la inflación se ha transformado en una droga a la que no sólo no puede dejar, sino que cada vez necesita más de sus constantes dosis para que el bálsamo llegue a través de mayor actividad en la economía y mayor entrada de recursos a sus arcas con una voluptuosa recaudación (pese a lo cual tenemos la mayor presión impositiva de la historia).

Lo que en un principio fue absorbido por el reacomodamiento de variables - ya que con la devaluación de 2002 los salarios perdieron más del 60 por ciento de su poder adquisitivo, las industrias venían con gran capacidad ociosa y las tarifas se mantuvieron ‘pisadas’ y baratas en relación con el mundo (con un galimatías de subsidios que beneficia a ricos y a pobres y que será muy complejo de desentrañar)- con el paso del tiempo comenzó a mostrar sus dientes con precios que empezaban a escaparse.

La respuesta oficial fue lanzar la "morenización" de los datos de inflación y así no sólo arrasó con la credibilidad del Indec sino que logró que empresas, sindicatos y la gente de a pie comenzara a pensar, vivir y proyectar en función de índices de inflación no oficiales y muy superiores.

A la vuelta de la esquina, Argentina volvió a sus andanzas y en 2009 fue uno de los siete países del mundo con mayor inflación; en Latinoamérica, sólo superada por Venezuela (los otros casos son de países africanos).

La foto de hoy muestra una profundización del problema: números fiscales ajustados o en rojo; crecimiento constante del gasto público; la maquinita de imprimir pesos a todo vapor (la base monetaria se expande cuando los importadores deben liquidar sus ventas al Central, que compra los dólares a cambio de los pesos que va emitiendo), todo sumado a altos índices de utilización de la capacidad instalada y escasa inversión genuina; el modelo está ajustando por precios y no por cantidades.

Y como la inflación no es otra cosa que el deterioro del poder adquisitivo del dinero, la pelea por los aumentos salariales se intensifica, más aún en un contexto de fuerte actividad como el actual.

Así, en los últimos tiempos, precios y salarios comenzaron a desafiarse, en una peligrosa carrera en la que, a la larga, todos perdemos y en la que - ya se sabe-siempre, indefectiblemente, los salarios terminan quedando a la cola. Desde un lado del mostrador, unos pujan por lograr porcentajes mayores; desde el otro, por ver cuánto más se puede trasladar a las góndolas. Así, con precios más altos, los salarios vuelven a atrasarse rápidamente y, como el perro que se muerde la cola en una acalorada persecución en la que gira tantas veces hasta quedar mareado y desorientado, el círculo vuelve a comenzar. ¿Le suena?