Reflexión y compromiso
Los creyentes tenemos una doble responsabilidad: somos responsables ante la propia patria, por un lado, y también ante Dios. Carlos Ñáñez.
Los creyentes tenemos una doble responsabilidad que se hace acuciante en esta celebración por el Bicentenario: somos responsables ante la propia patria, por un lado, y también ante Dios, a quien tenemos que rendir cuentas en nuestra conciencia sobre cómo administramos este don que es la patria.Por este motivo nos hemos propuesto como objetivos orar por nuestra patria, reflexionar acerca de su situación, reafirmar nuestros propósitos para con ella y ponerla nuevamente bajo la protección maternal de María, en cuya devoción el pueblo humilde de la Argentina pone también sus esperanzas.Queremos que nuestra oración sea, en primer lugar, una acción de gracias por los ricos y variados dones con que Dios ha embellecido a la Argentina. Su territorio diverso, bello y abundante en recursos de todo tipo; sus tradiciones y culturas, portadoras de nobles valores, forjadas por el aporte comprometido y generoso. Damos gracias también por todos los argentinos, pasados y presentes; por los pueblos originarios, por quienes vinieron desde la madre patria y por las diversas corrientes inmigratorias, y especialmente por aquellos con quienes compartimos hoy la noble y hermosa tarea de construir el futuro.Nuestra oración agradecida nos brinda, además, la ocasión para examinarnos y preguntarnos cómo administramos los dones que Dios en su bondad nos ha concedido. ¿De veras nos reconocemos hermanos con nuestros conciudadanos? ¿Respetamos las instituciones que hemos sabido darnos y que rigen nuestra convivencia democrática? Junto a hermosos ejemplos de convivencia responsable, armoniosa y solidaria, muchas veces sin embargo observamos la desvalorización y el descuido de las instituciones y pareciera también que lo que prevalece entre nosotros es la incomprensión mutua que frecuentemente se hace intolerancia y llega incluso a la agresividad. ¿Cómo administramos la herencia de tradiciones y culturas recibidas de nuestros mayores y constituidas por notables valores y actitudes virtuosas? Si bien es cierto que muchas veces tratamos de conservarlas y enriquecerlas, sin embargo, otras tantas las desperdiciamos y las socavamos dejándonos fascinar por propuestas huecas, superficiales o directamente dañinas que nos dejan con las manos vacías.¿Cómo cuidamos y preservamos el medio ambiente? Con una creciente sensibilidad, pero muchas veces malgastándolo con un uso irresponsable y falto de solidaridad para con nuestros conciudadanos y para con nuestra posteridad.Nuestro examen sincero no debe sumergirnos en el desaliento y mucho menos en la desesperanza. Al contrario, debe servirnos de aliciente para renovar el compromiso con nuestra patria. Proponemos desarrollar una verdadera ecología ciudadana que nos haga particularmente respetuosos de nuestras instituciones; cuidadosos del bien común y atentos al cultivo de la amistad social que permita encontrar entre todos, a través de un diálogo sereno, franco y maduro, las soluciones a las dificultades que se presentan y que afectan sobre todo a los más pobres, a los más débiles y a los más indefensos. De ese modo, en justicia y solidaridad, podremos celebrar estos 200 años de historia.

