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La hora de las grandes promesas

El año no trajo cambios importantes. Ni obras, ni mejoras en los servicios. Pero con el reacomodamiento institucional y la toma de deuda sí llovieron los anuncios de grandes concreciones para 2017. 

21 de diciembre de 2016 a las 04:50 p. m.
La hora de las grandes promesas
El intendente Ramón Mestre y los planos de obras futuras (La Voz / Ramiro Pereyra).

El primer año de la segunda gestión del intendente Ramón Mestre no trajo grandes novedades a los habitantes de la ciudad de Córdoba. Fueron mínimos los cambios a nivel de ejecución municipal y no hubo más ni mejores servicios a los vecinos en 2016, aunque en el último trimestre –tras la toma de deuda por 150 millones de dólares por parte del municipio– sí se pusieron en marcha varias obras: arreglos en las calles, repavimentaciones, tareas de cordón cuneta y algunas intervenciones más trascendentes, como obras de cloacas, la sistematización de avenidas o el inicio del reemplazo de los viejos focos del alumbrado por leds.

Este fue el año del reacomodamiento institucional: los permanentes viajes del intendente Mestre a recorrer despachos de la Casa Rosada, las frecuentes fotos con el gobernador Juan Schiaretti y las megapromesas de obras surgidas de esas relaciones normalizadas.

Si a partir de 2017 se concretara apenas un tercio de todo lo anunciado por la Nación, la Provincia y el propio municipio, la ciudad subiría varios escalones desde el subsuelo de atraso y desinversión en que se encuentra desde hace ya muchos años.

La suma de obras prometidas para la Capital arroja una cifra que supera los 15 mil millones de pesos. El cierre definitivo de la Circunvalación, los troncales de cloacas para cubrir a la media ciudad que sigue sin saneamiento, nuevos puentes, leds para buena parte del alumbrado, un nudo vial para la plaza España, parques educativos en las zonas más críticas de la desarticulación social, viviendas, urbanización de villas miseria, miles de cuadras de pavimento y desagües forman parte de ese avance prometido.

La realidad cotidiana de los cordobeses contrasta groseramente con las publicidades que promocionan esos proyectos –que en algunos casos ni siquiera están en los planos– como si ya se hubieran realizado.

La escena en que a diario transcurre la realidad ciudadana no logra despegar: derrames de líquidos cloacales, basurales descontrolados en plena ciudad, tránsito caótico y un descuido generalizado son parte de esa postal.

También se siente el incumplimiento de otras promesas anteriores de gestión. Hace ya varios años que el gobierno de Mestre prometió un nuevo esquema para la basura, un reordenamiento del sistema de estacionamiento en la vía pública y cambios en el modo de prestación del transporte urbano, con más corredores Solo Bus. Todo eso siguió esperando.

El caso de la basura es el más urgente, porque la prestación es cada vez más deficitaria, más costosa para la ciudad y más compleja en su estructura burocrática.

Ahora el municipio abrirá una nueva licitación para resolver el precario vínculo con Lusa y Cotreco, y apuesta todo a la sociedad Cormecor, encargada de resolver qué hacer con la basura de todo el Gran Córdoba. Del modo en que se dé solución al creciente conflicto con la población de Villa Parque Santa Ana –que se opone a la radicación del complejo ambiental en cercanías de esa localidad– dependerá la suerte de ese proyecto.

Si puertas afuera del municipio cambiaron pocas cosas en 2016, puertas adentro la quietud fue casi absoluta: nada se alteró en la dispar relación de fuerza que ejerce el gremio de los empleados municipales (Suoem) respecto al poder institucional.

Y además, otro jugador corporativo presiona de modo cada vez más brutal sobre el presupuesto de la ciudad: el Surrbac, poderoso gremio de los recolectores de basura, que ocupa un espacio creciente en las mesas donde se toman sus decisiones sobre la prestación de la higiene urbana, mientras la Justicia investiga si algunos de sus dirigentes hacen negocios particulares desde esos espacios.

Como contrapartida, la UTA Córdoba fue intervenida luego de hacer uso y abuso de paros absurdos. La medida sancionatoria llegó en notoria coincidencia con el imparable avance de Ersa en Córdoba. La otra novedad es que las subas del boleto ya no estarán amortiguadas por subsidios municipales.

El año entrante no se presenta sencillo, y además habrá elecciones. Que algunas de las tantas promesas lanzadas sobre la Capital se cumplan sería un buen deseo ciudadano para los brindis que se avecinan.