Delivery Bicentenario
Tinelli bicentenario, Mirtha bicentenaria, groseros bicentenarios. ¿Qué significa todo esto? ¿A quién le importa? Alejandro Schmidt.
Pizzería Bicentenario, zapatillas Bicentenario, preservativos Bicentenario, problemas y soluciones bicentenarias. Todo esto me hace acordar al 2000 ¿se acuerdan de 2000?
Treinta millones de pesos de festejos porteños bicentenarios, hambre bicentenario, engañifas bicentenarias y...
Me llegó un mail de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en donde una unidad ejecutora del Bicentenario mostraba sus programas bicentenarios (lo de unidad ejecutora me impresionó verdaderamente, y más al ser una expresión acuñada por y para artistas... bicentenarios).
Preferiría, no sé, que desenterráramos los restos de los hombres de Mayo y los expusiéramos a esta luz, a esta oscuridad argentina y escucháramos luego cómo sopla el viento allí, en la decepción de los sueños, la prevaricación de todo lo que una y otra vez se llamó país, estado, justicia y cosas por el estilo.
Tinelli bicentenario, Mirtha bicentenaria, groseros bicentenarios, bicicletas Bicentenario, empanadas Bicentenario. Traigamos los araucanos, los mapuches, los comechingones.
¿Qué significa todo esto? ¿A quién le importa? ¿Adónde está el huesito de esa larga pena... nuestra patria?
Y habrá algunos emocionados con el equívoco o las nostalgias del futuro y otros corriendo hacia el pasado… y todas las banderas manchadas por el fuego y toda la luz llenándose de gritos.
Prepotencias bicentenarias, advenedizos, arrogancia bicentenaria y crímenes espirituales y perros de lucha y jarrones y damas.
Acaso quisiera festejar, por una vez, una sola, la alzada llanura del olvido, la eternidad, el gran horno donde nos abrazamos todos, por una vez (una sola, no vayan a creer que pido mucho) mirar lo que no fuimos y enterrar las manos en nuestro extravío, en la topografía de lo destrozado.
Y vendrán muchos con sus discursos, su canapé, su foto entre muñecos y el 26 de mayo pasarán los basureros y alguien guardará los diarios, las medallas, el lápiz labial bicentenario, y seguiremos tristes o confiados odiando, amando este país, mi país…
Yo sé que a usted le pasa, hay fiesta, lo invitaron y no encuentra la casa, el club, la pieza, ¿Dónde era? ¿Cómo era? ser parte de algo más grande, más puro, más propicio, aunque sea una vez, una.
Comprenda, los años no son nada, la fundación, el pacto, las batallas, ya duerme el héroe, se achicó el Cabildo y enmudece la sangre de ese mártir; comprenda, nosotros existimos, comprenda, seguimos más que solos.
Escucho una moto, autos, dos chicos gritan por la calle, me duele la espalda, fumo mientras viaja, también, la galaxia sonriendo en su misterio.
Docentes bicentenarios, panqueques bicentenarios, finanzas, empresarios, campitos bicentenarios.
El almanaque, la recensión, la cita, la perogrullada, el mástil, las estatuas…
Y nadie dice nada y todos lloran ciegos y en esta impenetrable bruma, los ninguneados, los laburantes, los desaparecidos, los basurales, los hospitales…
Traigan la lengua de Castelli, traigan al que reía en medio del incendio, traigan al mandante y por una vez, por una sola, solita, solísima vez, a las grandes palabras, los desfiles, la torta déjenlos allá, entre los yuyos, que estamos cansados, ahítos, desflecados de amar, odiar este país, mi país.

