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Contar Córdoba

El vacío entre las superestructuras y el hombre de la calle sólo pueden llenarlo los sueños, la materia con que se hace la literatura. Reyna Carranza.

25 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Reyna Carranza (Escritora)
Contar Córdoba

Fue Luis de Tejeda quien, allá por 1621, sembró la semilla en estas barrancas. Desde entonces, Córdoba fue eso, tierra de poesía. Y lo ha seguido siendo por más de tres siglos, convencida de que en el territorio de la literatura, ese y no otro era el modo de construir su destino más lírico: plantar poetas en el mundo.

Pero las modas, el giro de los tiempos, le cedieron lugar a la prosa, y si bien ya en 1788 hubo una primera novela, la narrativa cordobesa apareció algo tardíamente, como en la mayoría de las literaturas del mundo. Es a partir de 1983 que unos 180 escritores han publicado hasta el presente 500 novelas. Fenómeno que estalló con el retorno de la democracia, y hoy ya no sorprende a nadie la abundante producción literaria de Córdoba, con mayor o menor éxito. Como tampoco sorprende que sean las escritoras las que se lanzaron en tropel a cultivar este género.

Después de Buenos Aires, Córdoba es el mayor centro productor y difusor de cultura; centro de tránsito, de influencia y confluencias de varias regiones culturales, sumado al privilegio de haber sido sede de la primera universidad del país, por lo que su identidad resulta elocuente, heterogénea y polifacética. O como lo dice Torres Roggero en su ensayo La donosa barbarie: “Eternamente ambigua, condenada a que lidien sin pausa en su seno la tradición altoperuana y la modernidad europea”. Esto hace que nuestra literatura sea al mismo tiempo centro y margen de la cultura nacional; espejo de pulsión al conocimiento que no se extingue, sino todo lo contrario: fiel a sus raíces, el escritor cordobés se apoya cómodamente en la tradición para soñar el futuro. De allí la riqueza de sus textos, donde la modernidad y lo autóctono se entrecruzan, factores que vigorizan el ya saludable corpus literario cordobés, que año a año se acrecienta con escritores jóvenes, y le auguran un mejor porvenir todavía.

Otro signo auspicioso es aquel que comenzó en la década del ’90, cuando las obras de autores cordobeses entraron en las escuelas de la mano de maestros y profesores, estimulados por programas que a nivel provincial se dedican a incentivar a los niños a la lectura, y distribuyen libros de manera gratuita.

La consecuencia es el notable auge del negocio editorial, que hoy trabaja a pleno, y permite al lector armar el entramado histórico-cultural de Córdoba.

Bioy Casares supo decir: “Sólo dos cosas llegarán inalterables al final de los tiempos: el libro y la rueda”. Frase que alienta a los que siguen resistiendo a través de la palabra escrita; porque el vacío que se abre entre las superestructuras y el hombre de la calle, sólo pueden llenarlo los sueños, que son por excelencia la materia con la que se hace literatura.