Coyuntura: las elecciones y los negocios inmobiliarios
Más allá de la dosis de incertidumbre que genera cada proceso electoral, los referentes sectoriales ven razones para ser optimistas y dicen que hay espacio para sondear oportunidades.
Es un lugar común considerar que los períodos preelectorales generan en el mercado inmobiliario efectos del tipo “wait and see” (es decir, esperar y luego ver) o, para usar una expresión cara a la historia argentina, “desensillar hasta que aclare”.
En ese marco, Clasificados La Voz repasa en esta nota con referentes del sector las miradas de cara al turno electoral 2023 en el ámbito nacional. Según el promedio de las encuestas realizadas a nivel país, podría requerir hasta tres comicios resolver quién conducirá la presidencia de Argentina desde el 10 de diciembre de 2023: 1) primarias simultáneas, abiertas y obligatorias (PASO) el 13 de agosto, 2) primera vuelta el 22 de octubre y 3) ballotaje el 19 de noviembre.
Con un 2023 que transita el segundo semestre, surgen consensos en que siempre hay oportunidades para explorar, si bien muchas expectativas ya se desplazan hacia el próximo año.

“La mirada del sector inmobiliario de cara al proceso electoral es de gran optimismo, que no está basado en un mero deseo sino en datos concretos y fácticos. En primer término, vemos que el sinceramiento de los valores de los inmuebles ha llegado a un punto de equilibrio. Pese a alguna pequeña distorsión motivada por ciertas expectativas con créditos hipotecarios, la plaza en general se mantiene con valores objetivos. Ese sinceramiento, que comenzó entre fines de 2018 y principios de 2019, nos encuentra hoy con un mercado mayoritariamente saneado, que viene creciendo cada semestre con señales positivas”,
dice Mirco Hermida, socio de Esteban & Hermida Inmobiliaria.
En este escenario con un costo de reposición que tiende a la suba, es esperable la reacción del mercado de compradores para adquirir inmuebles. Otro dato a tener en cuenta: se observa una alta demanda (casi inédita) de alquileres, contra una oferta que en muchos casos es escasa, eso suma y abona la mirada de optimismo del sector.
“En términos macro se espera un 2024 de crecimiento, impulsado mayoritariamente por el agro y la tan ansiada autonomía energética. Eso hace prever un escenario favorable para las inversiones inmobiliarias”, agrega Hermida.
Estos son sólo algunos indicadores que permiten mantener una mirada optimista de cara a las elecciones presidenciales. “Como siempre, ese optimismo debe estar acompañado del criterio responsable de desarrollistas, propietarios, corredores inmobiliarios y demás actores del mercado para desarrollar una dinámica virtuosa en el sector”, remarca Hermida.

Matices
“Las elecciones pueden tener diferentes impactos en la actividad, según el contexto en que esté el país y las políticas que se implementen. Sin dudas, van a generar incertidumbre en el mercado inmobiliario al principio, pero se puede diagramar una mejora. Los inversionistas y desarrollistas han logrado convenios para vender sus inmuebles con crédito hipotecario: eso, sumado a que esos préstamos han representado un alto porcentaje de operaciones, hacen que en la rueda del mercado se perciba una mejora en la actividad”,
apunta José Di Giorno, dueño de José Di Giorno Inmobiliaria.
Muchas veces, contra lo que podría creerse o a contrapelo de discursos instalados, las elecciones han creado expectativas positivas en la generación de oportunidades para la actividad inmobiliaria. Los cambios de signo y de políticas pueden beneficiar a ciertos segmentos del mercado en materia de promoción de viviendas, créditos hipotecarios e incentivos para la inversión en desarrollo urbano.
“Es fundamental que se implemente una nueva y mejorada Ley de Alquileres. Con la normativa actual se retiraron del mercado muchas propiedades que luego se pusieron a la venta, lo que ocasionó un desajuste”, subraya Di Giorno.
Todos esos factores pueden acelerar la actividad y crear un entorno más favorable para los negocios en Real Estate.
“Los comicios también pueden tener un impacto indirecto a través de las políticas económicas generales y la estabilidad. Por ejemplo, si el proceso electoral conduce a una mejora en la confianza del mercado, puede favorecer la inversión en bienes raíces y estimular la actividad económica en general”, agrega Di Giorno.
Las decisiones de compra e inversión en el rubro inmobiliario están afectadas por las llamadas “necesidades de la vida civil”: las familias se agrandan o se achican, hay matrimonios o separaciones y divorcios, los hijos primero viven con sus padres y luego se emancipan; por otro lado, también están atravesadas por lo que analistas en general y economistas en particular denominan “las expectativas de la sociedad”.
Las necesidades de la vida civil van a estar siempre, eso es un dato. Por otro lado, las expectativas en general dependen del rumbo de la economía de un país.

“Este año está marcado por elecciones y cambios de autoridad. Podemos percibir que el gobierno nacional que viene va a crear (dentro de sus posibilidades) un mejor clima de negocios, y claro que eso mejora las expectativas. Los comicios que ya se han realizado llevan a pensar que lo que queda de 2023 va a ser difícil, de empuje y remo para los actores del mercado inmobiliario pero, según opiniones y pronósticos, para mediados de 2024 ya podríamos mirar el horizonte de otra manera”,
afirma Maximiliano López, propietario de López Baena Propiedades.
En un país que ya tiene vasta experiencia en cuanto a atravesar crisis y tormentas, se impone una conclusión: de cómo se vote y de cómo gobiernen los bendecidos por el voto popular dependerán (en buena parte) las expectativas a futuro.
“Cada día recibimos consultas de nuestros clientes sobre qué va a pasar, y cada día respondemos que no hay que demorar tanto las decisiones de compra o inversión: ¿si no es ahora, ¿cuándo?”, destaca López Baena.


