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Y ahora, ¿quién maneja de regreso?

“Yo pertenezco a la época en que la droga se ponía arriba de la mesa”, dijo el actor Thomas Haden Church (53), cuando lo nominaron al Oscar por su participación en Entre copas (2004). 

08 de marzo de 2014 a las 02:19 p. m.
Y ahora, ¿quién maneja de regreso?

"Yo pertenezco a la época en que la droga se ponía arriba de la mesa", dijo el actor Thomas Haden Church (53), cuando lo nominaron al Oscar por su participación en Entre copas (2004). Antes, a nadie se le ocurría ir al baño a beber o fumar. Ambas costumbres eran eminentemente sociales. Sólo se escondían (de sus familiares) los que tenían prohibido el ­tabaco o el alcohol. Sin embargo, la franqueza de Haden Church causó es­cozor en un ambiente donde abundan los estimulantes de todo tipo. Hoy son de otro tipo, circulan por detrás de la puerta y a menudo se gozan en solitario. Pero no es sólo eso. Estados Unidos está embarcado en una campaña contra el cigarrillo que, en algunos estados, incluye la prohibición de fumar mientras se conduce un vehículo, como ocurre en Córdoba. En las series o películas, ­sólo lo hace el villano, gene­ralmente ruso, árabe o latino. Hasta en los espacios abiertos se ven carteles de No smoking . Un paquete cuesta unos siete dólares. En cuanto al alcohol, la veda es muy taxativa si se trata de menores de 16. Y la bebida en grupo y al aire libre, sólo es permitida en determinados horarios, áreas o pubs . Consumo restringido De estas cosas no hablan mucho los que no tienen mejor ­argumento a favor de liberar los estupefacientes que recordar la mala experiencia de la "ley seca" estadounidense. Dicha norma rigió entre 1920 y 1933, aproximadamente. Es real que, al penalizarse la venta de alcohol, se favoreció el negocio ilícito y las mafias. Su derogación terminó con la clandestinidad y ese delito, pero el problema sanitario que causa empeoró a lo largo del tiempo. Conclusión, en la actualidad se apela a impedimentos más sutiles. En buena parte de Estados Unidos y algunos países de Europa han logrado que fumar esté muy mal visto en la sociedad. El alcohol tampoco es alentado. El objetivo es restringir su consumo y mantenerlo en niveles domésticos, porque las consecuencias de la ingesta elevada son costosísimas. Cambios posibles Como en todo, Argentina sigue sólo a medias las prácticas ­implementadas en países ­centrales. El cigarrillo sigue siendo comparativamente barato. Pero, aun así, es notable el cambio operado en algunas costumbres. Hasta no hace mucho se fumaba en ómnibus de larga distancia, en salas de espera, en el foyer del cine y en sitios donde hoy ni por casualidad prendemos un pucho. Parece mentira que ya nadie lo haga en los bares. Ni siquiera en los salones de fiesta. Es un triunfo tan significativo como el que se logró con la forma de abonar el pasaje de ómnibus. ¿Quién se iba a imaginar que subiríamos dócilmente y pasaríamos la tarjeta por un visor? La mitad de la población insistía con comprar cospeles día tras día. Quiere decir que nada es imposible. Que las mentali­dades y los hábitos se pueden modificar con un poco de buena voluntad.Todo muy bien, sobre todo para quienes pensamos que los controles externos son indispensables. Sólo así se llega al autocontrol (si es que se ­llega). Tolerancia cero Pero ahora viene un pequeño problemita, que preocupa sobremanera a los adultos mayores. Nos referimos a la tolerancia cero respecto del alcohol. No se va a poder beber una gota, justo ahora que los cumpleaños de 50, 60, 70, 80 y 90 deparan las mejores fiestas. Y que la edad no es obstáculo para salir de parranda hasta la madrugada. La pregunta es: ¿quién maneja de regreso? Los abstemios se cotizan más que el dólar en el mercado paralelo. Por suerte, la autoridad ha dispuesto un paréntesis de 90 días. Los suficientes como para hacer… y buscar números. Una amiga tiene el teléfono del transportista escolar de sus nietos. Otra apalabró a un remisero. Nos va a salir unos 300 pesos por cabeza. Mucho más barato que la multa.