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Voces sin traducción

La lengua no es un compendio estanco de términos, sino que está abierta a "aprender" nuevos conceptos.

30 de julio de 2013 a las 08:05 p. m.
Voces sin traducción

Dicen muchos traductores que no hay ninguna palabra que no pueda traducirse. Aunque no exista un término equivalente en español, puede solucionarse con un circunloquio o con un conjunto de vocablos que definan lo que se expresó en el idioma original.

La historia de nuestra lengua es muy extensa; tiene aportes de los más diversos idiomas del planeta. Los romanos ingresaron a Hispania en el año 218 antes de Cristo. La Segunda Guerra Púnica es el contexto en el que la cultura grecolatina se apropió de esta tierra, otrora habitada por un abanico variopinto de culturas (vasca, ibera, tartesia, celta, entre otras). La romanización de la Península fue lenta, pero tan intensa que el latín fue aceptado como lengua propia y se dejaron de lado los idiomas primitivos.

La zona vasca representó una excepción en esta ocupación: el vascuence se resistió al dominio total de su lengua y aportó vocablos a la de los conquistadores. El español que manejamos hoy tiene términos de origen vasco. Los romanos tomaron de ellos nombres de minerales, plantas, animales, agricultura, ganadería y prendas de vestir (pizarra, boina, cencerro).

Son muchas las palabras españolas que no encuentran sus raíces etimológicas en el latín ni en otros idiomas que influyeron en la formación posterior. Varias son tan antiguas que se suponen anteriores a la romanización, pese a que no se sepa con precisión cuál es su lengua madre. Según investigaciones, el léxico de origen celta tiene relación con temas afines a la tierra, árboles, animales (légamo, álamo, puerco).

Como se observa, la influencia de las lenguas que habitaban la Península antes del arribo de los romanos corresponde a palabras que tienen significados concretos, referentes a la naturaleza o a objetos. "No pervive ninguno relativo a la organización política y social ni a la vida del espíritu", sostiene Rafael Lapesa en Historia de la lengua española.

La cultura romana introdujo en Hispania los conceptos de Estado, ley y ciudadanía. Los romanos fueron maestros en derecho, obras públicas y administración. Por este motivo, el léxico que define estas cuestiones llega de la mano del latín.

En nuestros días, los aportes que recibe el español se relacionan con temas nuevos o específicos. Un término muy interesante para graficar esto es lítost . Este vocablo es empleado por Milan Kundera en El libro de la risa y el olvido . Según él, "es una palabra checa intraducible a otros idiomas. Representa un sentimiento tan inmenso como un acordeón".

Como esta, hay cientos de voces que no tienen traducción y que nuestro idioma las recoge porque la lengua no es un compendio estanco de términos, sino que está abierta a “aprender” nuevos conceptos, lo que no es lo mismo que emplear términos extranjeros cuando existe su correspondiente en español.