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Voceras de mamá

Los padres y los hijos varones son "víctimas" de un doble control, el clásico de la madre y, como si ya no fuese suficiente, el de la hermana. Juan Carlos Carranza.

05 de septiembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Voceras de mamá

A cierta edad, los esposos acuerdan con sus esposas determinadas concesiones que hacen que la vida conyugal sea un ambiente sustentable. El fútbol (y posterior asado, obvio) de los miércoles a la noche y las salidas esporádicas a cenar con compañeros de trabajo son ejemplos de esas negociaciones matrimoniales.En general, avisadas con tiempo, estas necesarias reuniones de esparcimiento no causan ninguna rispidez marital, ni reproches posteriores (salvo honrosas y justificadas excepciones, claro).Pero así como los políticos eligen voceros para hacer trascender a la prensa lo que no pueden decir de manera abierta, las hijas mujeres vendrían a cumplir el rol de "voceras de mamá".De pronto, cuando el marido se despide con el bolsito del fútbol bajo el brazo y la esperanza de comerse un gran asado con vino, la pequeña hija lanza, como distraída, un dardo inesperado: "¿A dónde te vas, papá?".El hombre, perplejo, de inmediato mira a su mujer, pero ella extiende los brazos y exhibe las palmas de sus manos en el clásico gesto de no estar involucrada en la situación.–Me voy a jugar al fútbol, hijita.–¿Y a qué hora volvés? Celosas custodiasEl vínculo entre un padre y una hija es muy especial. Es un mito que el nacimiento de una nena causa frustración en los padres, sobre todo en aquellos que sueñan con el varón futbolista. El amor incondicional hacia nuestras hijas es inmediato. Y con el tiempo, mutuo. Quizá por esa relación tan especial entre padres e hijas es que se producen estos "incidentes". De alguna manera, las hijas se transforman en especies de "esposas adjuntas" y celosas custodias de sus papás.Pero la cuestión no termina allí. En las familias tipo, compuestas por los esposos y dos hijos (varón y mujer), las nenas suelen transformarse en "madres adjuntas" de sus hermanos.Entonces, los padres y los hijos varones son "víctimas" de un doble control. Por caso, si el hermano hace un mal gesto durante el almuerzo, que su madre no alcanzó a percibir, estará la hermana para reprochárselo."Y a esa altura –dice Cacho Yerom, asesor principal de esta columna–, uno no sabe si nuestras hijas, como auxiliares de nuestras esposas, hablan por sí mismas, por sus genes, o son parte del vehículo que nuestras mujeres han encontrado para decirnos lo que ellas no se animan a reprochar".