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Una pésima ecuación

¿Por qué no reaccionamos contra la agresividad que impera en las pantallas? Rosa Bertino.

18 de mayo de 2013 a las 02:22 p. m.
Una pésima ecuación

El mes pasado, una abogada porteña acusó al sketch de "La nena", de Poné Francella , de legitimar la pedofilia. Lo interesante, es que la denuncia se produce en una tardía reiteración del exitoso ciclo de Telefe. Diez años atrás, nadie ­pareció molestarse por las ­febriles fantasías que una quinceañera suscitaba en un señor con hija de igual edad. Pero ahora se impuso el criterio de que no podemos alentar lo mismo que después penalizamos. Quiere decir que estos 10 años sirvieron para algo. Y que alguna vez íbamos a tener que empezar a limar las contradicciones de una era que te dice "hacé lo que querés", pretendiendo que cada uno se fije los límites. Como esto no ocurre, luego recurrimos al Estado para que se haga cargo de los destrozos. Horror, censura. Las huestes televisivas intentaron cerrar filas contra lo que interpretaron como una "forma de censura". Están tan, pero tan acostumbrados a hacer lo que se les da la gana, que no toleran la menor objeción a contenidos que son un muestrario del dudoso humor porteño (duele ­admitirlo, pero acá en Córdoba se mandaron un ciclo "bizarro" con panelistas, que ­parecía la resaca de Animales sueltos ). Que la denuncia por pedofilia haya plasmado una nueva manera de ver las cosas, no significa que las vidrieras de algunas lencerías dejen de exhibir polleritas tableadas, medias tres cuarto, blusitas blancas y corbatitas como arsenal erotizante. Pero al menos baja una línea. Además, esas prendas están destinadas a un consumidor/a para nada adolescente, ya que estos no necesitan estimulación asistida. Otro tema. Así como hemos podido reaccionar contra lo que da pie al abuso de menores, ¿por qué no reaccionamos contra la agresividad que impera en las pantallas? Hace rato que prácticamente no hay salas comerciales para las buenas películas. Están ocupadas con los Rápidos y Furiosos , los Hombres de Hierro , los Transformers y las guerras planetarias. La única forma de distinguir buenos de malos, es guiándose por la vestimenta y porque los primeros están con Robert Downey o Brad Pitt. Los búnkeres , las palabrotas y las armas de destrucción masiva, son prácticamente iguales. Se dice que el cine no tuvo más remedio que replicar en grande lo que los videojuegos habían impuesto en pequeño formato. ¿Acaso alguien duda que la violencia también se puede inculcar? Pocos ­nacen santitos, pero si encima los amamantan con trompis y perdigonadas, difícilmente se corrijan. Así, un filme maravillosamente pacifista, como Profesor Lahzar , es parte de la selecta minoría que dura una semana en cartel.Las películas ya no vienen "prohibidas para menores de…", sino "aptas para mayores de…". Carradas de niños ingresan en compañía de un adulto. Para ellos, esas superproducciones, en su mayoría hollywoodenses, son excitantes y divertidas. Una pésima ecuación.