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Madres cansadoras

Es inútil pensar que las pobres madres dejarán de sufrir cuando sus hijos se vayan de campamento o podrán dormir cuando, ya mayorcitos, esos mismos niños empiecen a ir a los boliches. Juan Carlos Carranza.

27 de junio de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Madres cansadoras

"Los hijos han nacido para hacer sufrir a sus madres". Podría ser esa la sentencia decretada por desesperadas progenitoras, militantes del movimiento "sueño cero", tras decenas de angustiosas madrugadas esperando el regreso de sus retoños, luego de una noche de esparcimiento o de algún viaje. Es inútil pensar que las pobres madres dejarán de sufrir cuando sus hijos se vayan de campamento o podrán dormir cuando, ya mayorcitos, esos mismos niños empiecen a ir a los boliches.Para ser justos, en general, son las madres las que tienen infinita paciencia para encauzar el crecimiento de los hijos, en numerosos aspectos. En la educación, por ejemplo. Colaborar con las tareas de la escuela es un rol intrínsecamente ligado a las mujeres. Y aunque esa función cada vez más está tendiendo a equipararse, las madres todavía llevan la delantera. Diferencias. Hasta aquí, un elogio previsible a la templanza materna, pero hay salvedades: están las mamás que asumen su karma en silencio y toman el mando a la distancia, en forma sutil; pero están las otras, las que necesitan ejercer el control, cuidar cada detalle, las que no dejan ningún cabo suelto, las que por momentos cansan, un poco. Nuestro consultor estrella, Cacho Yerom, tiene una madre a la que podría catalogarse en el segundo grupo, aunque habría que desconfiar de sus siempre afiebrados argumentos, que no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción, al decir de Jorge Luis Borges sobre la opinión que el filósofo David Hume tenía sobre su colega George Berkeley."En las vacaciones de verano, no aguantaba vernos a mí y a mis dos hermanos sin hacer nada útil", confesó amargamente Yerom sobre la actitud de su madre, a la que, para resguardar su identidad, llamaremos con un nombre ficticio: Patricia. "Era una lucha que terminó ganando en dos veranos. Cuando yo tenía 10 años, nos hizo practicar caligrafía con una maestra particular. Recuerdo que llevábamos un cuaderno especial y todo. Íbamos de muy mala gana. En febrero de otro año, nos mandó a dactilografía, todos los días de 10 a 12. Yo ya era adolescente y todas las noches maldecía tener que levantarme temprano para el curso. En ese momento la odié, pero ahora debo admitir que me sirvió el curso", señaló nuestro consultor. El principal problema de las madres detallistas, absorbentes, es que al final (en el peor de los casos) terminarán generando hijas de su misma estirpe. Entonces, los inadvertidos hombres que se casen con ellas deberán soportar esposas que reproducirán las conductas de sus madres cansadoras.