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Luque, con la libertad blanqueada

Primer Plano. El lunes último obtuvo la condicional, pero desde hace años, abusándose del beneficio de la salida laboral, se paseaba por las calles de Catamarca.

18 de abril de 2010 a las 12:06 a. m.
Redacción La Voz
Luque, con la libertad blanqueada

Enviado especial a Catamarca

Los presos, si se quieren fugar de la granja, se fugan, y si no quieren volver, no vuelven. Hace cinco años, lo dijo Antonio Méndez, director del Servicio Penitenciario de Catamarca.

En abril de 2002, cuando cumplió los primeros cuatro años de su condena a 21, Guillermo Luque (44) abandonó el penal para alojarse en el Anexo Granja La Viñita, una cárcel sin rejas ni guardias.

Un año después, el juez de Ejecución Penal, Luis Guillamondegui, le otorgó las salidas laborales de lunes a sábados.

El preso fijó su domicilio laboral en el estudio jurídico de Oscar "Chorizo" Romero, ex marido de su hermana Alejandra.

Al parecer, este juez olvidó su obligación de controlar la conducta de Luque, quien siempre fue un preso VIP, como dice Elías Morales, el papá de María Soledad.

Esa permisividad otorgada por Guillamondegui (desde hace tres meses integra la Cámara del Crimen que condenó a Luque y Luis Tula) y que el asesino se ocupó de gozar al extremo, fue blanqueada el lunes último, cuando la flamante jueza de Ejecución, Alejandra Cabanillas, tuvo que otorgarle la libertad condicional al cumplir con los dos tercios (14 años) de su condena.

Lo favorecían el tiempo transcurrido y los informes psicológicos y de excelente conducta extendidos por las autoridades penitenciarias.

Nadie se ocupó de constatar jamás si Luque cumplía horario en su supuesto lugar de trabajo. El permiso laboral era de 8 a 13 y de 17 a 20.

Sin embargo, el homicida, lejos de cumplir, violaba las reglas a la vista de los catamarqueños. Lo veían en el supermercado, llevando o trayendo a sus hijos (Tomás y Jazmín) y junto a amigos.

Aunque no estaba autorizado, iba a almorzar con su cuñado o algún familiar, y se quedaba a dormir la siesta en la casa de su hermana o en Puerta de Hierro, la residencia de Ángel, su padre.

Guillermo Luque debe ser el único preso que trabajaba hasta en los días feriados, incluido el 1º de Mayo.

Tampoco estaba en su lugar de detención los domingos, cuando salía a festejar el Día del Padre, de la Madre o del Niño. La exposición pública jamás le molestó. Todo lo contrario.

"Yo lo he visto un sábado a la noche, alrededor de las 24, sentado en una silla en el quiosco de su hermana en la plaza del Indio (a cinco o seis cuadras de la casa de los padres de María Soledad). Siempre suele ir a comer un lomito en ese paseo. Lástima que no tenía mi cámara", se lamenta Mario, reportero gráfico.

Hoy, en Catamarca, el restaurante de moda (muchos cerraron en los últimos años) es El Rincón de Lucho, con capacidad para 500 personas.

Los fines de semana hay espectáculos. "Yo lo vi un jueves. Eran más de las 23 y estaba cenando. Al lado había otra mesa y se me atragantó la comida cuando desde la mesa de al lado lo saludaban emotivamente, como si fuera un prócer", cuenta un juez que prefiere al anonimato.

"Sí, ha venido a cenar acá", reconoció uno de los mozos del lugar.

Camuflado. El lunes pasado se montó un operativo para evitar que Luque enfrentara a los periodistas que hacían guardia en la puerta de la cárcel.

Salió camuflado en un Renault destartalado o en un castigado Ford Falcon, los dos únicos vehículos que salieron del penal entre las 7.15 y las 8.30.

Al promediar la mañana, cuando se enteraron de que el preso había desaparecido, todos se trasladaron a la oficina céntrica donde el matador de María Soledad tenía que notificarse y firmar el acta de libertad condicional.

No pudo evitar que lo filmaran y fotografiaran. Con cara de pocos amigos se volvió a declarar inocente y prometió que daría una conferencia de prensa.

Eligió, como en otras oportunidades, el diario El Ancasti para hacer declaraciones exclusivas y decir que no hablará más porque los periodistas lo destrozaron.

Aprovechó el espacio para despacharse contra los jueces y decir que su condena fue la crónica de una sentencia anunciada porque pertenecía a una familia que representaba al poder político.

Habría que recordar que el fallo que condenó a Luque a 21 años por violación seguida de muerte y a Tula a 9 años por partícipe secundario fue confirmado por el máximo tribunal de Catamarca y por la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Por estas horas, Guillermo Luque disfruta de la libertad condicional, a solas con su conciencia, alejado de la huerta y las gallinas de esa cárcel sin rejas ni guardias que es La Viñita; una granja que ni siquiera tiene tranqueras.