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Los avatares de la historia

Posiblemente este censo no tuvo la calidad técnica que debía tener. Aun así, es muy importante destacar su realización como política de Estado que trasciende al gobierno de turno. Leandro M. González.

28 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Leandro M. González - Dr. en Demografía. Investigador de Conicet. Docente del CEA (UNC)
Los avatares de la historia

La sorpresiva muerte de Néstor Kirchner en la mañana de ayer no sólo sacudió al país. El Censo de Población que se estaba desarrollando sumó un antecedente más a los acontecimientos históricos que acompañaron los últimos censos nacionales. A pesar de los años que se dedican en su diseño, del cuidado que se pone en decidir una fecha propicia, la realidad política se impone y condimenta curiosamente estos operativos. Esto pasó en los últimos tres censos nacionales. El que debía realizarse en 1990 fue postergado para el año siguiente, debido a la falta de presupuesto. En julio de 1989, Alfonsín había renunciado a la Presidencia de la Nación tras el primer episodio de hiperinflación, y luego Menem debió afrontar otra severa crisis en febrero de 1990. La escasez de recursos impuso la postergación del relevamiento para mayo de 1991. En 2000 correspondía la realización del siguiente censo de población, pero otra vez la estrechez presupuestaria comprometió su realización. De la Rúa había asumido la Presidencia en diciembre de 1999 e intentó sin éxito remontar la recesión económica que heredó del modelo de convertibilidad. El censo se hizo en noviembre de 2001, un mes antes de la caída del gobierno, en medio de una fuerte conflictividad gremial y una aguda crisis social.El panorama económico de 2010 se presentaba comparativamente mejor, pero esta vez la crisis tomó la forma de desconfianza en el manejo político de las estadísticas públicas. A partir de 2007, el gobierno de Kirchner comenzó a difundir dudosos índices de precios, que comprometieron la calidad de las mediciones de la pobreza. El Indec se encuentra intervenido políticamente desde entonces y todas sus estadísticas son objeto de un descrédito generalizado. Aunque, afortunadamente, la población no boicoteó el relevamiento. Quizás este censo no tuvo la calidad técnica que debía tener, y esto se debe a la irresponsabilidad del Gobierno nacional en materia de política estadística. Aun así, es muy importante destacar la realización del censo como política de Estado que trasciende al gobierno de turno y en la cual la sociedad es protagonista. Los acontecimientos que lo acompañaron nos hacen recordar la expresión de Marcos Aguinis… "un país de novela".