Temas del día:

Los abusos de la lengua

En hechos tan delicados como una denuncia de abuso, informar mal puede ser condenar de antemano. Edgardo Litvinoff.

28 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Los abusos de la lengua

Hay abusos del lenguaje, y abusos de la lengua.

Los primeros refieren al mal uso del idioma, como cuando se pronuncian barbarismos al estilo de “ambos dos levantaron la mano para votar como títeres” (hay dos barbarismos en la frase, pero el que importa aquí es el de las primeras dos palabras).

O cuando pronunciamos “haiga” por “haya”, un error directamente proporcional a la cantidad de horas que llevamos despiertos.

Los segundos –los abusos de la lengua– tienen que ver con los que emite el órgano móvil ubicado en la boca, entre cuyas funciones se encuentra la pronunciación del lenguaje. Se trata aquí también de errores más relacionados con el órgano que suele conducir la lengua: el cerebro.

“Quien tiene boca, se equivoca”, dice un viejo dicho.

Y muestras sobran. Una de las últimas puede ser rastreada gracias a una noticia que motivó largas menciones radiales y televisivas en Córdoba, todas con escaso aprecio por la integridad de chicos menores de edad o del principio de inocencia consagrado en la Constitución Nacional.

Fue la historia de un supuesto abuso en una escuela privada de la ciudad de Córdoba, según una denuncia de un padre de una niña de 4 años.

La reflexión va más allá de cuál sea el resultado de este caso. No importa si hay indicios como para pensar lo peor o escasas pruebas como para sostener algo.

El tratamiento periodístico de esta clase de temas no debiera variar en ninguno de los dos casos, ni tampoco según la característica del establecimiento educativo cuestionado –sea público, privado, confesional o new age.

Este diario decidió tratar esta noticia con esa perspectiva, sin mencionar el nombre de la escuela ni de supuestas víctimas o victimarios. Cualquier otra opción puede condenar en diferentes sentidos a unos u otros, mucho antes de que la Justicia lo haga.

Y eso sucedió en diversos medios locales, donde se pintarrajeó el hecho con indignaciones sobreactuadas que no sólo confunden, sino que hasta pueden ser peligrosas.

Si luego hubiera imputaciones, más pruebas, juicio o condena, la historia será diferente. Pero no mientras tanto.

En rigor, nadie puede tirar la primera piedra: todos nos equivocamos alguna vez. Por eso sabemos de qué hablamos.