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Las “Maritas” cordobesas

En septiembre, en Piquillín, se buscaron restos de una joven prostituida que fue presuntamente asesinada. La investigación dejó al descubierto la impunidad con que operan los prostíbulos.

21 de diciembre de 2011 a las 10:56 a. m.
Las “Maritas” cordobesas

Sola. Sentada en su cama sin pies de caño ni de madera. Al igual que algunas celdas, una base de material y, arriba, el colchón ralo. Al lado, separado sólo por una cortina desecha, el baño de la pieza, un espejo mugriento, un inodoro y un bidé casi pegados e inmundos, junto a un tachito para tirar todo allí.Cuando los policías irrumpieron, en la madrugada aún oscura del 27 de septiembre, la encontraron con los ojos abiertos, sin entender semejante despliegue. La psicóloga policial le habló despacio, con palabras dulces, como hacía mucho que no escuchaba, y le pidió que se cambiara. La llevaron a la ciudad de Córdoba, para una mejor contención.Fue difícil que tomara confianza. Dijo no querer volver nunca más allí, a esa inmundicia llamada "El deseo de las vampiras", a la vera de la ruta 19, cerca de Piquillín. Pero también dijo no querer denunciar nada, que ella se sentía libre de hacer lo que quería.De a poco, los investigadores empezaron a armar el rompecabezas de su vida. Nació en Paraguay. Hace años, viajó a la Argentina y recayó en Córdoba. Desde entonces, deambuló por los tantos prostíbulos que pululan al borde de las rutas de la provincia. Aprendió a sonreír falsamente entre la mugre, a esperar en soledad a cualquier cliente borracho que aparecía en medio de la noche reclamando una mujer. Los fines de semana había más clientes, pero también llegaban otras mujeres, con las que, por lo menos, podía intercambiar una mirada cómplice. El proxeneta de turno siempre se quedó con la mejor parte de las ganancias. En cada prostíbulo enclavado cerca de cualquier zona urbana de la provincia, ni el municipio ni la Policía se preocuparon por ella. Sólo le exigieron carné sanitario, "licencia" que se expide para que estas mujeres "puedan servir copas". A los clientes, nadie nunca les exigió nada. Sólo que pagaran. Hipocresía. Eufemismos. Se ríe de los que hablan por ella. De los que piden que se aplique la ley. ¿Quién la va a hacer cumplir? ¿Los policías que llevaban un registro de todas las mujeres que allí estaban? ¿Para qué lo hacían? ¿Por qué? ¿Cómo es que tantas jóvenes de Paraguay, de República Dominicana, de Salta, Tucumán, Jujuy, Misiones, Formosa, Santa Fe terminan en un mugriento prostíbulo cordobés?Buscaron a Marita en Córdoba. Susana Trimarco se convirtió, sin quererlo, en un símbolo de la lucha contra la trata de personas. Esta mujer tucumana jamás imaginó que iba a conocer una de las peores caras de la perversidad humana y que terminaría dedicando su vida a luchar contra el tercer negocio ilegal más lucrativo del mundo, junto al narcotráfico y la venta de armas.El 3 de abril de 2002, una banda que ella va persiguiendo de  manera incansable desde entonces, secuestró en Tucumán a su hija, María de los Ángeles Verón, quien en esa época tenía 23 años, una hija muy pequeña y vivía en pareja. Esa misma noche, Trimarco golpeó las puertas de la Policía, pero se topó con que debía aguardar varias horas para cerciorarse de que su hija no hubiera escapado detrás de una "aventura amorosa", la primera respuesta que los uniformados solían (y suelen) dar en todo el país cuando una madre desesperada pide por su hija desaparecida. El tiempo suficiente para que estos delincuentes roten a las mujeres hacia cualquier parte del país. Trimarco resolvió empezar por su cuenta y hoy, casi 10 años después, cuando se detiene un segundo y rebobina, quien la escucha se da cuenta de que ella lleva el mapa de la trata cicatrizado en el corazón. En busca de su hija, recorrió el país e incluso el extranjero, peregrinación en la que fue  desenmarañando la telaraña de este delito.Logró saber que a "Marita" la llevaron de Tucumán a un prostíbulo de La Rioja, causa  por la que en febrero próximo 13 personas, hombres y mujeres, serán juzgadas por los supuestos delitos de "privación de la libertad y promoción de la prostitución". Pero después de allí, el paradero de su hija es un gran signo de interrogación.La ruta cordobesa. En septiembre de este año, el rastro de "Marita" llegó una vez más a Córdoba, un punto neurálgico en el entramado de este delito. "Córdoba es el 'Mercado de Liniers', ya que hay compraventa de mujeres; es una provincia con mucho reclutamiento y explotación, un nudo de comunicación clave", respondió Mercedes Assorati, del Programa Esclavitud Cero de la Fundación El Otro, en una entrevista realizada este año por La Voz del Interior. A "Marita" ya la habían buscado en algunos de los cientos de prostíbulos que funcionan en el centro de la Capital y zonas cercanas, y en burdeles del departamento Marcos Juárez.Ahora, en un operativo sin precedentes en la historia judicial cordobesa, la rastrearon sin éxito en dos prostíbulos emplazados a la vera de la ruta 19, cerca de Piquillín, procedimiento que dejó al descubierto la complicidad de las comunas y municipalidades, así como de la Policía, con el funcionamiento de esta clase de lugares donde lo que reina es la mugre. "Los hombres que van a ahí, ¿no tienen miedo de pegarse una enfermedad?", fue una de las preguntas que le quedó latente a Trimarco tras ingresar en los burdeles allanados. Una joven paraguaya fue encontrada viviendo allí y ahora la causa pasó de las manos de la fiscal provincial Eve Flores a las del fiscal federal Gustavo Vidal Lascano.Desde que ella comenzó a bucear en el submundo de los prostíbulos y la trata de personas –hasta llegó a disfrazarse de "madame" para reunirse con proxenetas a los que les ofrecía supuestas chicas para vender–, Trimarco no duda. Sin temor, arremetió contra el amo y señor de Tucumán, el llamado "clan Alé", varias veces señalado por estar supuestamente detrás de estos delitos. "Estoy contenta porque ahora él (en referencia a 'la Chancha' Alé, sindicado como el líder y ex presidente del Club San Martín de Tucumán) está preso, aunque sea por otra causa (se lo acusa de usurpar un campo). Yo, cuando me lo cruzo en Tucumán por la calle, no le tengo miedo y se lo digo: 'Vos te creés intocable, pero vas a caer por tu propio peso. Devolveme a mi hija, te lo pide una madre'".–¿Y cómo reacciona?–Esta gente es cobarde, sale corriendo, no responde. Yo sólo quiero que me digan qué hicieron con ella, si está viva o si la mataron. Tras el secuestro de "Marita", Trimarco quedó al cuidado de la crianza de su nieta Micaela, quien desde chica se tuvo que acostumbrar a vivir con custodia policial. En un primer momento, en silencio y con más portazos que manos amigas, Trimarco empezó a peregrinar por la noche tucumana y rescató, hasta 2006, a 129 mujeres explotadas en burdeles."Muchas madres hoy me piden auxilio a mí antes que ir a la Policía, porque saben que no me voy a quedar de brazos cruzados, que voy a ir a patear puertas hasta que hagan algo", sigue.En 2007, fue premiada por el gobierno de Estados Unidos y recién entonces, en Argentina, muchos terminaron por creer en ella. Su historia se convirtió en una novela televisiva (que tuvo final feliz) y en 2008 fue la gran invitada al acto en el que el Gobierno promulgó la nueva Ley de Trata de Personas. "A mi hija la busco con vida; es mi deseo más profundo", refiere desde Tucumán, donde con 50 grados de sensación térmica no para un segundo, está ultimando todos los detalles para el juicio de febrero.Hoy, sigue buscando a su hija, pateando puertas para que la Policía y la Justicia reaccionen y para despertar a una sociedad en la que el horror sigue siendo parte del paisaje cotidiano, a la vera de  cualquier ruta, en el centro de Córdoba, en todas partes."Hasta que me muera, voy a seguir luchando para que no haya mujeres explotadas", repite. Y no quedan dudas de que así lo hará.