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Las ciruelas de tu tía

Los hablantes tenemos la necesidad de encontrarle una razón a lo que decimos. Entonces, al desconocer el significado del término “atutía” o “tutía”, se hizo una transferencia por similitud.

17 de diciembre de 2013 a las 01:45 p. m.
Las ciruelas de tu tía

Días atrás, un lector me llamó “maestra ciruela”. Sin ánimos de no hacerme cargo de esta valoración, quisiera referirme al origen de esta frase.

Ya hemos hablado en esta columna sobre los modismos, que son expresiones cuyo significado no se deduce de los vocablos que las forman.

En palabras del doctor en Letras Martín Alonso: “Entendemos por modismo una locución popularizada, peculiar de la lengua respectiva, intraducible, inalterable y con cierto sentido metafórico”. Por ejemplo, “borrón y cuenta nueva”, “desvestir un santo para vestir otro”.

Develar el origen de estas frases nos lleva a comprenderlas y a evitar errores ortográficos y de escritura.

Siruela

Comenzaremos el recorrido por Siruela, un municipio de la provincia más extensa de España, Badajoz.

Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, manifestó que “José María Sbarbi, en su gran diccionario de refranes, aclaraba en la década del ’40 que la gente suele confundir el pueblo de Siruela con la ciruela”.

Esta explicación venía a cuento de la procedencia del modismo, que en un comienzo fue “maestro de Siruela que no sabía leer y puso escuela”.

Los movimientos de la lengua economizaron el dicho y hoy empleamos “maestro Siruela” para definir a quien da lecciones a todos u opina sobre asuntos que conoce poco y mal.

No existe documentación que dé cuenta de este señor español; tampoco hay un relato de ficción que funcione como puntapié para la creación del personaje.

Todo parece indicar que simplemente fue la rima la que condenó a los maestros de Siruela.

Tutía

Otro modismo que involucra a gente que no tiene nada que ver es la expresión “no hay tutía”, que llega a nuestros días como “no hay tu tía”. En realidad, la frase original no se refiere al familiar, sino a un bálsamo medicinal.

La “tutía” o “atutía” es un ungüento elaborado sobre la base de óxido de cinc, que antiguamente se empleaba para aliviar enfermedades de los ojos.

Cuando en las farmacias se agotaba esta medicina, se colocaba un cartel que señalaba: “No hay atutía”. Con el tiempo, esta expresión comenzó a emplearse con el significado de “no hay remedio”, sentido que mantiene en nuestros días.

Los hablantes tenemos la necesidad de encontrarle una razón a lo que decimos. Entonces, al desconocer el significado del término “atutía” o “tutía”, se hizo una transferencia por similitud de nombres a una palabra conocida. De este modo, cuando empleamos la expresión “no hay tu tía”, imaginamos a una tía salvadora que no puede socorrernos.

Así, las ciruelas no son las que dan lecciones de algo que no conocen ni las tías quienes corren en auxilio.

Sin ánimos de ser una maestra Siruela, quería hacer un pequeño aporte, porque una vez que etiquetamos a alguien, no hay tutía.