Las casas de estudios deben devolver gentilezas
No hace mucho, uno de los tantos rankings internacionales dejaba afuera a la mayoría de las universidades argentinas, causando el lógico escozor en el ámbito de la educación superior. Juan Carlos Carranza.
No hace mucho, uno de los tantos rankings internacionales dejaba afuera a la mayoría de las universidades argentinas, causando el lógico escozor en el ámbito de la educación superior. En uno de esos listados, el Arwu 2010, que desde 2003 publica la Universidad Jiaotong de Shangai, aparecen seis universidades brasileñas, dos chilenas, una mejicana y la UBA.Está claro que es imposible competir con las universidades top ten del mundo, con presupuestos abismalmente superiores a las universidades vernáculas. El caso de Harvard, la número uno según la mayoría de los rankings , tiene un presupuesto de 2.200 millones de dólares y sus balances anuales cierran con 35 mil millones de dólares superavitarios.En Argentina, desde 2003 a esta parte, fruto de los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, los presupuestos universitarios se quintuplicaron. Si bien los fondos para las universidades crecieron a partir de un piso bajo, la mejoría salarial de los docentes no se puede discutir, más allá de que aún queda camino por recorrer a criterio de algunos gremios. Causa y efecto La cuestión es si el esfuerzo presupuestario del Gobierno nacional tiene alguna devolución por parte de las universidades públicas, en cuanto a resultados: eficiencia en los gastos, estándares de calidad de sus egresados, investigación científica, relaciones con la comunidad. Alieto Guadagni, miembro de la Academia Nacional de Educación, pone el dedo en la llaga en su ensayo "Realidad y propuestas para la Universidad argentina", cuando dice que el país invierte en un sistema universitario en el que la gran mayoría de los estudiantes no se gradúa. "(...) en Argentina no sólo no existen exámenes generales de evaluación de la enseñanza universitaria como en Brasil, sino que tampoco existen exámenes al concluir el ciclo secundario, como existen en Brasil, Chile y en muchos países europeos y asiáticos", reflexiona Guadagni.El economista agrega que, a contramano de numerosos lugares en el mundo, en Argentina la ley de educación permite resguardar la identidad de los establecimientos en los resultados de las evaluaciones "a fin de evitar cualquier forma de estigmatización".Si la información no es transparente, ¿cómo se puede mejorar la enseñanza? Está muy bien aumentar las partidas de fondos para las universidades, porque la educación es una herramienta estratégica para el desarrollo, pero alguien tiene medir cómo va la cosa.

